¿Quién no ha querido alguna vez llevar la vida de un criminal, de un forajido, de un auténtico bandido mexicano? Photoshop pone eso a nuestro alcance mediante el ajuste “Igualar color”, que como puede verse en el vídeo, permite copiar los tonos de una de nuestras imágenes a otra, tanto para igualar tonos entre fotografías de una serie que tengan variaciones no deseadas, como para aplicar creativamente paletas de colores, copiando por ejemplo los colores de una playa a una noria, o los de un bosque a una fábrica.
¿Y eso qué tiene que ver con vivir a lo Bonnie and Clyde? Pues que ya nos conocemos, y sé lo que estaréis pensando, pillines: ¿por qué limitarnos a “copiar” colores de nuestras imágenes? Enseguida nos tentará la idea de cargar alguna fotografía ajena que nos guste e imitar su paleta de colores con un par de clics. ¿Podríamos convertirnos en una especie de Robin Hood que robe colores a los ricos para dárselos a quienes lleven una vida desaturada o incluso en blanco y negro? A mí no me pregunten, que yo solo hago el vídeo y estos dilemas éticos se me escapan.
Por cierto, en el vídeo no lo comento, pero si nos gustan mucho los tonos de una imagen, podemos emplear el botón “Guardar estadísticas” para guardarlos, y luego recuperarlos cualquier otro día con el botón “Cargar estadísticas”. También es posible seleccionar como origen el mismo documento que el actual, pero elegir una capa distinta en el desplegable de debajo, o bien emplear las dos casillas que nos permiten limitar el efecto del ajuste en origen o destino mediante una selección previa. Esta clase de variantes a veces son útiles para colorear selectivamente una parte de la imagen con los tonos de otra parte y “reparar” así alguna pérdida o diferencia de color que no logremos corregir por otros medios más habituales. Pero esto ya es complicarse un poco la vida: es más divertido experimentar con varias imágenes, y descubrir efectos interesantes. ¡A igualar se ha dicho!
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