No se imaginan ustedes lo complicado que es grabar esta tontería de vídeos. No por la complicación de los temas, ni por problemas informáticos, ni nada por el estilo. La mayor complicación es, créanlo o no, conseguir que no se oigan sirenas de fondo durante un rato. Policía autonómica, guardia urbana, ambulancias, bomberos y otros vehículos de emergencias unen sus fuerzas sonoras para garantizar sirenazos a granel cada 3 o 4 minutos, aunque sean las 2 de la mañana. Y si solo fuera eso lo que me taladra los tímpanos y arruina innumerables vídeos… pero no, aún hay más, porque a ese ruido se le suman las sirenas de un edificio que tengo enfrente cuya alarma se dispara por sistema cada semana (el día que roben, no hará caso ni Dios) y también las alarmas de coches aparcados, que suenan al ser pateados y golpeados por los borrachos y juerguistas de rigor que pululan por las calles todas las noches. Ah, y qué decir de los adorables niños que salen del colegio como auténticas hienas salvajes y rabiosas, desbocados y briosos cual potros salvajes esquizofrénicos… es como tener la matanza del cerdo al lado de casa, porque chillan como gorrinos, sobre todo cuando los traen al súper a comprarles golosinas azucaradas y otros potingues por el estilo que sin duda son el origen de su hiperactividad.
Bueno, cuento todo este rollo porque hoy realmente no hay mucho tema: simplemente un truco, casi una curiosidad, para la ventanita del selector de colores de Lightroom. Y, ya de paso, una descripción brevísima del panel “Dividir tonos” del módulo revelado. Si es cierto eso de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, entonces mi explicación tiene que ser buenísima. Pues nada, lo de siempre: que lo disfruten con salud y tal.
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