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Nevada descalibrada en Barcelona

[Esta entrada fue publicada en otra parte hace un par de años, tras la nevada del 6 de marzo de 2010 en Barcelona, que colapsó nuestra querida ciudad. Como soy muy sostenible, he decidido reciclar esta parida, así que aquí la tienen, pero ojo que forma parte del apartado de relatos surrealistas y, como tal, puede no ser apta para todos.]


– Ring, ring. O sea, ring.

– Dígamelo ahora o calle para siempre.

– Buenas tardes, ¿es el teléfono de emergencias meteorológicas?

– Efectivamente y sí.

– Gracias a Dios. Esto es una emergencia.

– Más le vale, porque este teléfono es cosa seria. ¿Qué le pasa? ¿Ha quedado totalmente incomunicado?

– Si estuviera totalmente incomunicado, no podría llamarle. Sería una emergencia meteoro-ilógica.

– También es verdad. Entonces, espero que no sea otro que, con la excusa de la nieve, nos pide sal y luego resulta que era para echársela a las palomitas.

– ¿Palomitas? No, no. Yo soy más de patatas fritas. Pero esto es mucho más serio. Llamo para alertar a las autoridades de que la nieve que está cayendo tiene una clara dominante cian. Perdone que se lo diga tan directamente, pero no hay tiempo que perder. La fidelidad cromática de millones de píxeles está en juego.

– ¿Eh? ¿Nieve con dominante cian? ¿Y eso es tóxico? Porque a mí me suena a cian-cianuro.

– ¿Tóxico? Pero a ver, ineptos, ¿no tenéis calibrador, o qué?

– ¿Calibra-qué?

– Si es que ponen a atender las emergencias a cualquiera. Vamos a ver: yo tengo la carta de grises, la carta color checker, la carta a los Reyes Magos, una baraja española y un póquer de ases.

– ¿Y?

– Pues que he analizado la nieve, y está nevando mal. Colorimétricamente hablando, claro. La nieve está ligeramente descalibrada, no es blanca. Esto podría ocasionar una catástrofe fotográfica de dimensiones insondables.

– La nieve es del color de la nieve, no hay más, señor.

– ¡Gran error, insensato! A ver si me voy a haber calibrado el monitor para que ahora yo vea la nieve con dominantes y los demás la vean blanca. Ni hablar. ¡Como si no tuviera bastante con el frío que hace! Ya me están calibrando la nieve a la voz de ya, venga, que tengo que hacer fotos y a este paso se me va a congelar hasta la marca de agua.

– Ahora que lo dice, creo que tiene razón.

– ¿Sí? Lo ha notado, ¿verdad? Es casi blanca, pero se va un poquiño hacia el azul clarito… con algo de verde… Solo tienen que tocarle la temperatura del color, y arreglado. Puedo darle los grados Kelvin Klein, incluso mi temperatura corporal y lo que haga falta.

– No, digo que tiene razón, es una emergencia, pero una emergencia psiquiátrica. Ahora mismo le mando a su domicilio una ambulancia quitanieves debidamente equipada con la última colección de camisas de fuerza de Georgio Armani para la primavera de 2010. Y no sufra, que van perfectamente calibradas. Un blanco puro, una cosa… ¡Buff! Que no se veía desde aquellos anuncios de Colón.

– ¿En serio? ¿Como el de aquellos anuncios del degenerado que se colaba en el súper e intentaba darles el cambiazo a las pobres amas de casa?

– Exactamente. Era un depravado sin ética alguna que utilizaba la excusa del detergente para seducir a cuantas mujeres se cruzaban en su camino… pero bien que sabía qué detergente lavaba más blanco.

– Pues no sabe usted qué tranquilo me deja. Hombre, habría preferido que me mandasen el helicóptero de Tulipán en versión medicalizada, pero todo no puede ser. Oiga, cuando llegue la ambulancia quitanieves, que me hagan una perdida y bajaré pitando. ¡Por fin algo blanco de verdad! ¡Gracias, servicio de emergencias!

– No hay de qué. Para eso estamos. Le dejo que por la otra línea me dicen que se están congelando hasta los salarios. Agur.

– Clinc. O sea, cuelgo.

(fin)

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