En esta primera entrada de la que será una serie sobre el formato DNG, trataré de explicar qué es el DNG y por qué podría interesarnos, dado que hay bastante desconocimiento, o al menos confusión, acerca de él. Empezaré por describirlo y explicar su razón de ser, luego (en siguientes entradas) veremos ventajas e inconvenientes, seguiremos con las formas de convertir a DNG y, finalmente, me detendré en el tema del DNG con pérdida, que aunque sea algo más particular, es realmente lo que más me ha motivado a dedicar varias entradas al tema. Intentaré publicar estas entradas sin demasiada demora entre ellas para que no se pierda demasiado el hilo del asunto.
Así que menos rollo y empecemos con el tema de esta primera entrada: ¿qué es el DNG? El DNG (abreviación de «digital negative» o negativo digital) es un formato raw creado por Adobe. Alguno dirá: «Un momento, ¡pero si Adobe no fabrica cámaras!» Efectivamente: la intención es que lo usen los demás. Esto puede sonar aún más raro, ¿qué clase de entrometimiento en los asuntos ajenos, o más bien «rawjenos«, es este? ¡Intolerable!
Sin embargo, esto tiene una explicación muy cabal: resulta que la gran mayoría de fabricantes emplean su propio formato raw – Canon el .CR2, Nikon el .NEF, Sony el .ARW, Olympus el .ORF, Pentax el .PEF, etc. La mayoría de estos formatos no están documentados, es decir, Canon y compañía no dan los detalles técnicos, ni se comprometen ante terceros a mantener ninguna estructura de archivo en particular. Tampoco es que lo hagan por fastidiar: simplemente, son formatos que usan ellos en sus cámaras y en su software propio, y que adaptan a sus necesidades a medida que desarrollan sus tecnologías. De hecho, es típico que cada vez que una marca saca una cámara nueva, se introduzca alguna modificación en estos formatos para adaptarlo a las características de la nueva máquina, con lo que leer un tipo de CR2 o de NEF no garantiza leerlos todos (es decir, que un programa pueda leer -por ejemplo- el raw de una Canon EOS 400D no implica que también pueda leer el de una Canon EOS 5D Mark II, pese a que ambos raws tengan la misma extensión de archivo, .CR2).
Así de entrada, esto no debería ser un gran problema, ya que cada fabricante desarrolla también su propio software de revelado, y lo actualiza en función de los cambios en los raw de estos nuevos modelos. O sea, te compras la cámara, y ya te viene un CD con la última versión del programa para revelar los raw, o al menos un enlace de descarga. Sin embargo, esta filosofía sí que acaba siendo un problema por dos motivos: de entrada, nos obliga a usar un programa distinto (y a aprender cómo funciona) cada vez que cambiemos de cámara, o cada vez que un cliente, alumno o amigo nos pase un raw de un formato distinto para retocarlo, y por otro lado, los programas que desarrollan los fabricantes de cámaras no suelen ser los más avanzados del mercado. Hay un poco de todo, pero a menudo hacen lo justo para cubrir el expediente. Por eso mismo somos muchos los que preferimos usar un software de revelado cuyo desarrollador sea independiente del fabricante de la cámara – me refiero, por supuesto, a programas como Dxo Optics, Aperture, Camera Raw (plugin de Photoshop) o nuestro querido Lightroom. En su mayoría son programas de pago, pero nos permiten adoptar un único flujo de trabajo y suelen ofrecer características más avanzadas.
Esto significa que cada vez que salga una cámara nueva al mercado, el fabricante actualizará su software al momento (lógico, dado que él se lo guisa y él se lo come), pero en el caso de estos programas de terceros, lo más probable es que tengamos que esperar a que se publique una actualización, cosa que puede tardar un tiempo dado que los ingenieros tendrán que ponerse a descifrar estos nuevos formatos para saber cómo leerlos e interpretarlos. Este es uno de los motivos por los que en Adobe están cada dos por tres con actualizaciones de Camera Raw y Lightroom: aunque sirvan para corregir errores y -de vez en cuando- añadir nuevas características, su mayor valor suele radicar en que amplían la cantidad de formatos raw compatibles con el programa. A veces tanta actualización parece una tontería, pero cuando te acabas de comprar una cámara y no puedes procesar los archivos, la verdad es que desespera.
Si he sido capaz de explicarme bien hasta aquí y habéis seguido la historia, no costará entender que si los fabricantes se pusieran de acuerdo en adoptar un estándar común para los archivos raw, la cosa se simplificaría mucho. Y ahí es donde entra en escena el citado formato DNG, cuyas especificaciones técnicas Adobe facilita libremente, es decir, puedes obtenerlas sin tener que hacerles un saludo secreto ni pagar licencia alguna por incluir el código de dicho formato en el firmware/software de una cámara. Además, Adobe se compromete a no darle la vuelta al formato de hoy para mañana, y respetar esta estructura (aunque periódicamente la actualiza). Sobra decir que lo hacen por la cuenta que les trae (si todo el mundo usase el DNG, su trabajo se simplificaría), pero no deja de ser cierto que el DNG constituye, al menos en su vocación, todo un regalo de paz y concordia para la humanidad.
Sin embargo, ya sabemos por experiencias del pasado que en la mayoría de industrias tecnológicas, esto de converger hacia un estándar es complicado: todo el mundo quiere arrimar el ascua a su sardina y ninguno da su brazo a torcer. O sea, que cambien los demás y adopten mi estándar. El asunto es que hoy por hoy, son muy pocas las cámaras cuyo formato raw «nativo» sea el DNG. Pero ello no nos impide disfrutar de sus ventajas (hablaremos de ellas en la siguiente entrada), ya que aunque nuestra cámara no «tire» en DNG, es posible convertir prácticamente cualquier formato raw a DNG. Esto casi parece propio de la canción Imagine de John Lennon: canonistas, nikonistas, etc., todos unidos bajo un mismo DNG y viviendo en paz. ¡Qué guay!
Bueno amigos, ya son muchas tonterías en un solo post, así que corto aquí por ahora. En la próxima entrada veremos las ventajas del formato DNG (y luego, sus posibles inconvenientes).
