En la entrada anterior vimos una introducción al DNG, básicamente qué es y por qué lo han inventado los de Adobe. Pero, ¿es solo una idea estrafalaria, o de veras sirve para algo? ¿Qué implicaciones, ventajosas o problemáticas, tiene en la práctica la adopción de este formato como medio para almacenar nuestros archivos raw? ¿Podría interesarnos?
Para que quienes desconocen los detalles del formato DNG puedan sacar sus propias conclusiones al respecto, he creado una lista de pros y otra de contras. En esta entrada veremos los pros. En todo caso, aunque lo exponga como ventajas/desventajas, esto no pretende ser un juicio sumarísimo al DNG, sino una forma como cualquier otra de describir sus características. El DNG no es bueno o malo en sí mismo – únicamente lo es en la medida en que sus características se adapten a nuestras necesidades. De hecho, como ya veréis en la siguiente entrada, algunas cosas que aquí aparecen como ventajas, también pueden ser inconvenientes según la forma de trabajar de cada persona.
Dicho lo cual, empecemos a ver las principales ventajas del DNG:
• Mayor compatibilidad
Este es el principal caballo de batalla de los místers de Adobe, el leitmotiv de todo esto. Si los fabricantes adoptasen este formato y sus cámaras generasen archivos que respetasen el estándar DNG, podríamos abrir raws nuevos directamente en aplicaciones de terceros sin necesidad de actualizarlas (salvo cuando se produjera algún cambio tecnológico importante ). De hecho, como ya vimos en esta entrada, pasar un raw «exclusivo» a formato DNG puede incluso permitirnos abrir raws «modernos» en versiones «antiguas» de Adobe Camera Raw/Lightroom (cuando digo versiones «antiguas» me refiero a «publicadas previamente al lanzamiento de la cámara en cuestión» – aunque en algún caso, podría ser necesario re-convertir el DNG para garantizar la compatibilidad, aquí un ejemplo del tipo de follones que pueden liarse). A menudo se sostiene también como argumento que a lo mejor de aquí a unos años, el fabricante de nuestra cámara ha desaparecido y, con él, su formato de raw y el software necesario para abrirlo. Esto ya me parece un poco más catastrofista: vete a saber tú lo que nos depara el futuro, aparte de que en el peor de los casos, siempre estaríamos a tiempo de convertir esos raws a DNG. Además, ¡a ver si no va a ser Adobe la que desaparezca! Pero bueno, si el DNG se generalizase, ciertamente se convertiría también en una mayor garantía de «supervivencia tecnológica».
• Los metadatos de revelado se guardan dentro del archivo DNG
Esto significa que no se generan los típicos archivos .xmp que aparecen en las carpetas de fotos tras pasar un raw por Camera Raw (Lightroom también puede generarlos, pero normalmente guarda sus cositas en un archivo central llamado «catálogo» y no vemos estos .xmp, salvo que le pidamos expresamente que «guarde metadatos» en el archivo). El motivo por el que se crean dichos .xmp (o similares en el caso de otros programas) es el siguiente: cuando abrimos por ejemplo un .CR2 en Camera Raw y movemos los controles de revelado, los ajustes se aplican de forma no destructiva, es decir, no modifican permanentemente el contenido del archivo raw, sino que se «anotan» como si fuera una receta (Exposición -1.5, Saturación +32, Reducción de ruido +50…). Pero claro, ¿dónde conservar esta receta para que no se pierda al salir de Camera Raw, y que el programa la recuerde cuando abramos mañana el mismo raw otra vez? Si nuestro raw es un formato exclusivo (.CR2, .NEF y compañía), la estructura del archivo no estará preparada para «alojar» datos de Adobe: no tendrá un cajoncito para que un tercero guarde esa «receta». Se podría meter con calzador por algún lado, por ejemplo al final del archivo, claro, pero corriendo el riesgo de que luego el archivo deje de ser leído por la cámara (si lo volviésemos a introducir en la tarjeta) o por el software del fabricante, pues detectaría que hay algo «raro» en el archivo y lo repudiaría como una madre que no reconoce a sus propios vástagos. Incluso cabría la posibilidad de escribirlo dentro del raw donde no moleste, y que pasado mañana el fabricante actualice su software de tal modo que deje de reconocer esos archivos modificados por un tercero. Así que, para evitar problemas, estos datos se guardan en un archivo separado que tiene el mismo nombre que el raw original, con la extensión «xmp» (o dop en el caso de Dxo Optics, por poner otro ejemplo), y que viene a ser como una «casa de invitados».
El DNG, en cambio, se ha creado expresamente para acomodar todo tipo de información adicional, sean parámetros de revelado, correcciones ópticas o cualquier otro tipo de datos o metadatos, no solo los de Adobe (incluso se puede incluir un perfil de color si hemos caracterizado la cámara). Por tanto, no es peligroso escribir dentro del archivo (bueno, se podría argumentar que siempre es peligroso escribir dentro de un archivo, pero aquí me refiero al riesgo de incompatibilidades a posteriori), así que no hace falta guardar esos datos en un archivo xmp independiente.
• El tamaño de archivo del DNG es menor, preservando íntegramente la calidad
La conversión a DNG aplica una cierta compresión que reduce un poco el tamaño del archivo (normalmente entre un 10% y un 15%, a veces más, aunque es bastante variable), y por supuesto lo hace manteniendo intactos los datos de imagen captados por el sensor. Ojo: aviso de que también hay una opción de compresión con pérdida, pero esto tiene otro cometido y ya hablaremos de ello más adelante. Lo importante es que, como digo, el DNG preserva íntegramente los datos del raw, no deteriora ni manipula nada (nota: estrictamente hablando, hay alguna excepción a esto –ver entrevista con Eric Chan [en inglés]– pero son casos raros por lo que entrar en detalles técnicos resultaría confuso).
No obstante, hay que tener presente que si usamos un visualizador de imágenes para comparar el raw original y el raw convertido a dng, casi seguro que apreciaremos diferencias de luminosidad y color entre ambos. «¡Maldito DNG, ha pervertido nuestros raw! ¡A la hoguera!«, grita la turba enfurecida. Alto, que no cunda el pánico. Esta aparente diferencia no significa que la conversión a DNG nos haya «tocado» la imagen: el motivo es que estamos viendo la vista previa en jpg que va «incrustada» dentro del archivo para facilitar la previsualización. En el raw original, la vista previa la ha generado la cámara, y en la versión DNG, la vista previa la habrá generado el propio proceso de conversión a DNG. Pero en todo caso, se trata de meras «tarjetas de presentación» por así decirlo: si abrimos ambos archivos con un revelador raw que lea ambos formatos y que realmente interprete su contenido (no el de la vista previa), comprobaremos que el resultado visual es el mismo (salvo que ya hayamos editado uno de ellos y haya metadatos previos, claro). Para más información sobre el rollo este de las vistas previas, que trae loco a medio mundo, podéis consultar esta entrada relacionada con ello.
• Facilidad para actualizar las vistas previas y elegir el tamaño de estas
Esto significa que si, por ejemplo, estamos en Lightroom y revelamos una foto en blanco y negro, podemos en cualquier momento actualizar esa vista previa en jpg que incluye el raw, para que si la vemos con un visualizador, dicha vista previa refleje el «revelado» que le hemos aplicado y se vea, efectivamente, en blanco y negro (pues como ya dije antes, los visualizadores de imágenes raramente se entretienen en interpretar el raw – simplemente toman la vista previa en jpg, que para eso está, y nos la muestran). Además, podemos elegir el tamaño de la vista previa (cuanto más grande mejor, pero si nos viene de unos pocos megabytes, podemos ahorrar algo de espacio con una vista previa pequeña). En un raw «exclusivo» esto también puede hacerse, pero es más arriesgado y menos directo.
• Datos de carga rápida (fast load data)
Entre otras novedades introducidas de forma relativamente reciente en las especificaciones del DNG encontramos los «datos de carga rápida». Se trata de unos datos adicionales que aumentan ligeramente el tamaño del archivo, pero que supuestamente aceleran el proceso de leer y mostrar el archivo raw con los ajustes aplicados, muy especialmente en el caso de ordenadores con procesadores de varios núcleos. Sin embargo, yo hice una batería de pruebas el año pasado con Lightroom y varios raws (unos en su formato original y otros convertidos a DNG con datos de carga rápida), y la verdad es que no conseguí detectar diferencia alguna en la agilidad con que eran tratados por el programa. Luego investigué un poco en Internet, y comprobé que otras personas habían llegado a la misma conclusión: no apreciaban diferencia alguna. Supongo que esto de los datos de carga rápida algún día servirá de algo (a lo mejor es que solo se nota con ordenadores más potentes) pero a fecha de hoy, lo pondría un poco en cuarentena.
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Seguro que hay alguna posible ventaja más en la que ahora no caigo, pero creo que con las anteriores queda bastante bien cubierto este apartado. En la próxima entrada veremos las posibles desventajas que podemos encontrarnos por el hecho de convertir a DNG.
