Bueno, en vez de andar actualizando la entrada anterior, casi que mejor creo una nueva: total, es gratis y hasta le puedo poner un título rimbombante y un punto desinformativo como el que podéis ver ahí encima. Así que venga, seguimos con el tema de flickr, que tanta diversión y entretenimiento nos está proporcionando a grandes y pequeños durante esta semana. Vamos a repasar un poco lo último de esta movida.
Por la boca muere el pez, y algún que otro besugo (o besuga)
Por empezar por algo, recordaréis que hace poco una tal Marissa Mayer (CEO de Yahoo y, por tanto, mente pensante de flickr) afirmó sin demasiado sonrojo que la proliferación de cámaras implicaba que ya no existen fotógrafos profesionales. Por si este delirio deductivo no era suficiente, esta misma individua trataba de meterlo con calzador como argumento para explicar por qué ya no hay cuentas «pro». Supongo que no hace falta aclarar que, existan o no profesionales (que parecen haber adquirido el estatus de «meigas«), las cuentas «pro» de flickr no tienen nada que ver con las declaraciones censales de nuestras respectivas actividades. Es decir, believe it or not Mayer, pero era factible tener una cuenta «pro» sin ser fotógrafo profesional. «Pro» no es más que uno de los muchos nombres con que se bautiza cualquier servicio añadido, como premium, plus, extra, extended, deluxe o, como ahora lo llamarán en flickr, «doublr«. Y esto lo saben ellos bastante mejor que yo. Pero en fin, creo que a todos nos alegró saber que la corteza prefrontal mayeriana hace gala de un peculiar sentido de la lógica, pues ayuda a entender la forma de introducir los cambios en flickr. También he descubierto, google images mediante, que la susodicha luce unas patitas bastante fotografiables.
En el fondo, las declaraciones eran más llamativas o estrafalarias que realmente relevantes para nuestra vida cotidiana, pero no por ello han dejado de sacudir la comunidad internetera, donde a la Mayer le han dicho de todo menos guapa. Hasta Scott Kelby, el patrón del buen rollito, el Ned Flanders de la fotografía y el Photoshop, se ha indignado, ahí es nada. Es verdad que cuando nos sentamos delante de un ordenador enchufado a la red, todos nos ponemos muy chulos y haríamos rodar cabezas por cualquier patochada, pero desde luego, la frasecita se las traía, y de ahí reacciones como esta, esta, esta, esta… y cientos más en la misma línea (ya no digamos comentarios en twitter).
Tal ha sido el malestar, especialmente entre algunos fotógrafos profesionales, que esta simpática ave zancuda de pelo amarillo ha tenido que recular y matizar en su twitter que «It was a misstatement on my part and out of context. Was about the terabyte on @flickr & how many photos everyone takes«. O sea, «que fue un error por su parte que se ha sacado de contexto, pues ella se refería al terabyte de espacio y a que la gente hace muchas fotos». Más o menos. Esto a su vez ha generado otra cascada de reacciones, aunque yo me he limitado a leer unos pocos comentarios al respecto porque ya no doy para tanto.
No sin mi dinero
Pero si algo tiene fritos a cienes y cienes de miles de flickeritas, es la evaporación de la mayor parte de sus privilegios de pago, ahora disponibles para cualquier mindundi con cuenta gratuita. Por no quedar, no ha quedado ni el texto «pro» que antes aparecía junto al nombre/icono de usuario de los que habíamos aflojado un puñado de dólares, si bien todavía nos beneficiamos de la ausencia de anuncios (y de un almacenamiento «ilimitado» que ahora más bien es «irrelevante», dado que cuando X tiende a infinito, «ilimitado» tiende a un terabyte, y eso ahora es gratis). Así que no es de extrañar que mucha gente quiera recuperar el dinero del periodo «pro» que le quedaba por disfrutar, cosa que debería ser posible, pero parece que los usuarios que recuperan este importe son como los fotógrafos profesionales para la Mayer: no existen, o prefieren mantenerse en el anonimato, que también podría ser. Pero tienen que existir o, al menos, estar a punto de salir del armario. Y lo digo basándome en lo que los señores de flickr dicen en esta página:
Para pasarte a una cuenta gratuita y saber si puedes recibir un reembolso parcial, visita esta página.
Al hacer clic en el enlace, me aparece lo siguiente:
La elección entre el recuadro azul o el gris parece un tanto inocente, pero a mí, un ser pusilánime e impresionable, me impone respeto. De hecho, me siento enfrentado a un dilema tan decisivo como el de Neo en Matrix:
Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás:
– Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte.
– Si tomas la roja, te quedarás en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos.
Recuerda: lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más.
Claro, lo mismo le doy al botón de «Pasar a gratuita» (pastilla gris) y luego me arrepiento, así que no le he dado. Además, también quiero advertiros de algo: aunque ahora todos echemos pestes de flickr por habernos quitado el «pro«, lo cierto es que, como dije antes, se mantiene la ausencia de anuncios para aquellos de nosotros que antes éramos pro y que, de forma «latente», lo seguimos siendo (ya no se puede saber por el icono, pero se puede comprobar desde esta página).
[Actualización rollo ‘breaking news’ y tal: he localizado a alguien que afirma haber recuperado 1,25 € que corresponden a la parte proporcional que tenía pagada de pro. Este usuario informa de que se le ha reintegrado vía paypal – por tanto, pese a la confusión al respecto y lo sorpresivo del asunto, parece que estamos cubiertos si decidimos anular el pro ¡bien!]
[Actualización 2: Ahora me dice otra persona (ver comentarios de la entrada anterior) que hay gente que lo ha pedido y le han dicho que tururú, o sea, que no. ¿¿??]
Yo, antes de tomar ninguna decisión, quiero crearme una cuenta gratuita y probar a ver si hay mucho anuncio, pero me ha sido totalmente imposible por un motivo de peso: un ataque de pereza crónica. ¡Es tan aburrido rellenar formularios! Pero lo digo por una cosa: flickr dice que los que antes éramos pros, podremos seguirlo siendo si renovamos cuando llegue la fecha (indendientemente de que se vendan muchas cámaras y el fotógrafo profesional se equipare con el unicornio y otros seres mitológicos). Además, por más que suba el pan cuando la Mayer abre la boca, ellos aseguran que no subirán el precio de la renovación (25$, creo recordar). Por tanto, teniendo en cuenta que el nuevo precio para flickear sin anuncios es de 50$, igual no es tan mala opción…
El nuevo flickr
Decía al final del párrafo anterior que a lo mejor no es tan mala opción lo de seguir pagando por el pro, ya que es una forma de no ver anuncios, a mitad de precio. Pero terminaba con unos enigmáticos puntos suspensivos. ¿Por qué? Pues porque para que eso sea una buena idea, primero tendremos que aceptar en qué se ha convertido flickr. Y, a su vez, para eso antes tendrán que arreglar todo lo que no funciona, porque es un poco difícil saber si algunas cosas son fallos, o realmente pretenden que funcione así a partir de ahora.
Me ha sorprendido comprobar en estos dos días que mucha gente está satisfecha con el cambio. A mí me parece que algunas cosas son ahora más vistosas, sí, pero en general lo encuentro menos funcional y bastante raro, como si flickr tuviera de pronto una crisis de identidad y cambiase de personalidad según la página en la que estás. A veces parece el antiguo flickr, otras veces parece una imitación bastante lograda de 500px, en otros casos, un facebook recauchutado y en ciertas ocasiones, hasta podría ser confundido con la web dedicada a la fotografía que un día fue. Ya dije que a mí no me convence, pero en fin, para gustos, colores.
Una llamada a la calma: filosofadas varias
Entre mis vicios inconfesables, figura el de recrearme en las reacciones encendidas que este tipo de situaciones provoca. Por ejemplo, hace poco agoté mis existencias de palomitas leyendo en dpreview.com cómo la gente se rasgaba las vestiduras por el tema del Creative Cloud y el modelo de suscripción que ha reemplazado las licencias «perpetuas» de Adobe (la noticia batió récord de comentarios). Y ahora, toca lo mismo con lo de flickr: los foros de ayuda, convertidos en un océano de bilis (al que yo también sumé mis propias y efervescentes secreciones) han sido una fuente interminable de emociones y diversión. Tambíen me uní a algunos grupos «anti nuevo flickr«, pero han resultado algo más aburridos de lo esperado.
Que estas reacciones me diviertan no quiere decir que no estén justificadas. De hecho, una de las cosas que encuentro más graciosas es ver cómo miles de personas de lugares remotos comparten con tanta precisión las mismísimas impresiones que yo pueda tener en este otro rincón del globo. ¡Me hace sentir parte de la humanidad! Y eso no pasa cada día, creedme. Unidos por el odio, ¿puede haber algo más bonito? Vale, seguramente sí. Pero esto tampoco está nada mal, ¡eh!
Así que, bueno, no iré ahora de gran maestro zen de la serenidad y la calma porque soy el menos indicado. Suelo asumir que todo está en cambio permanente, y más con la tecnología, y que total, hace 4 días no sabíamos qué era flickr (ahora parece que no podamos vivir sin ello). Dicen que hacerse mayor (viejo, vamos) es dejar de adaptarse, y la verdad es que me gustaría mantenerme joven un tiempo más. Sin embargo y como ya reconocí, mi primera reacción fue un enfado considerable – prueba de ello, esta foto que subí aquella misma noche. Ni cambio permanente, ni tecnología, ni adaptación, ni El poder del ahora ni leches en vinagre: me puse de muy mal humor. Pero, dicho esto, creo que habría que relativizar todo el asunto. Hoy en día meten la pata en todas partes, y en temas bastante más serios. Podría poner de ejemplo algunos temas de mi vida personal, relacionados con la sanidad, los juzgados o los bancos, que son sinceramente escandalosos. Y, curiosamente, ahora que lo pienso me doy cuenta de que no les he dedicado ninguna foto a las personas y organismos que me han creado esos dolores de cabeza, seguramente porque para ello tendría que haberme presentado en el ambulatorio, el juzgado o el banco para mostrarles la imagen o, directamente, hacerles la peineta en vivo. En, cambio despotricar contra flickr y unirme a los grupos de odio es algo que puedo realizar desde el confort de mi butaca, y con el agradable respaldo de una turba enfurecida de miles de personas. Todo muy cómodo, pero quizá no tan justo y ecuánime como creía. Va a ser que me quedan muchas reencarnaciones por delante.
Ojo porque con todo esto, ni mucho menos pretendo «exculpar» a los responsables de la chapuza perpetrada el pasado 21 de mayo: como ya dije, no han avisado, no han informado y no se han preocupado de los fallos. Pero al menos ya sabemos, al fin, que el Pro ya pagado no se ha volatilizado, y que incluso es posible recuperar el importe correspondiente a la parte que nos quedaba por disfrutar si no estamos satisfechos con el cambio. Y bueno, sinceramente, eso ya es más de lo que me han ofrecido en la mayoría de comercios de la vida real. A partir de ahí, que cada cual obre en consecuencia. Lo que ha quedado claro es que el mayor enemigo de flickr son ellos mismos: se han puesto en contra a los usuarios de forma totalmente absurda e innecesaria. Ni todos los grupos «anti flickr» podrían haberles hecho una campaña de desprestigio tan agresiva como la que se han hecho ellos solitos, rematándolo además con esa gloriosa frase de la Mayer relacionando cámaras vendidas, suscripciones pro y actividades profesionales, unos temas que como ya vimos antes, comparten con el tocino y la velocidad su altísimo coeficiente de correlación. De traca, vamos.
En definitiva, que no me gusta este cambio, pero la vida sigue. Tengo pendiente probar qué pasa con las cuentas gratuitas. Cuando lo haya hecho, y los infinitos bugs reinantes se hayan corregido, ya decidiré qué hago. ¡Igual hasta cierro mi galería de flickr! Más que nada, porque seguir los comentarios en las fotos se me ha vuelto innecesariamente complicado, y para tener una galería autista(*), casi que me mudo a otra parte. [(*) con todo mi respeto a los autistas – es solo una forma de referirme al aislamiento] Pero ya veremos, porque si lo hago, quiero que sea más como reacción que como reaccionario. Mientras tanto, haré fotos por ahí si la autoridad lo permite y el tiempo no lo impide, y disfrutaré del buen clima que parece haber llegado por fin. Si luego encima las puedo poner en flickr sin que media página se me descuajaringue, ya será la bomba.
