Cuando uno empieza con la herramienta licuar, lo más típico es ceñirse a la herramienta «Deformar hacia adelante», más conocida como «el dedo». Y hasta que se le va cogiendo el punto a la cosa, es muy habitual terminar con contornos con ondulaciones extrañas, es decir: hemos logrado eliminar las grandes prominencias indeseadas (el término científico es «michelín», «lorza» o «atocinamiento localizado»), pero nos quedan unos contornos rarunos, más parecidos a las líneas del polígrafo de «Sálvame» que a la silueta de un ser presuntamente humanoide.
Aunque este tipo de «mal acabado» se produzca típicamente cuando no dominamos la herramienta, es muy cierto es que nos puede pasar también cuando ya dominamos más el filtro. Es por eso que en el vídeo se explica el sorprendente uso que la herramienta desinflar puede tener para igualar esta clase de estropicios. Como siempre, esto es un ejemplo – en un caso real, además de hacerlo con más calma, al final habría que volver a coger la herramienta del dedo para dejar la cosa en condiciones, pero espero que baste para ver la idea. Por cierto, yo uso una tableta gráfica: lo digo porque facilita esta clase de trazos (aunque no es imprescindible, de hecho hay quien dice no acostumbrarse a ellas).
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