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El «Efecto Oliveras» y dos recomendaciones: Prisma Tutoriales y Oscargrafías

Saludos cordiales, apreciados habitantes del planeta Tierra. El principal motivo para crear esta entrada es que hace poco descubrí que meses atrás, el gran Juan Luis Fernández Gallo (responsable de UnaDe25) le había puesto mi nombre, bueno, mi apellido, a un efecto.

Hete aquí la prueba irrefutoides:

Realmente el efecto que describe no es obra mía, pero para una vez que tengo ocasión de pasar a la posteridad, no es plan de llevarle la contraria a nadie. Lo único que lamento es que «el efecto Oliveras» suena muy poco glamuroso. «Efecto Oliveras» me suena más bien a algún tipo de mecanismo macroeconómico aburridísimo. Por ejemplo, algún modelo matemático que relacione la inflación con la tasa de desempleo juvenil en economías de industrialización tardía. Pero, ¿ponerle mi apellido a algo photoshopero-fotográfico? No. Veo mi apellido y toda mi persona en general más cercanos al defecto que al efecto. Hay gente que, en cambio, sí ha nacido para ponerle su nombre a un efecto: el efecto Dave Hill, el blanco y negro tipo Rob Carr, el efecto Dragan o draganizado, el estilo Joel Grimes… Todos ellos son personas que terminaron en el mundo de la fotografía y el retoque (o campos relacionados) simplemente porque sabían que su nombre, antes o después, serviría para bautizar algún efecto. Es más, incluso me atrevería a aventurar que alguno de ellos pudo hacer trampa y cambiarse el nombre. Nomen est omen, como decían los romanos. Con un nombre como el mío, si no quieres ser economista aún puedes aspirar a ser peluquero o agricultor de la aceituna, pero poco más. Es por ello que no descarto reinventarme con algún nombre artístico, algo tipo Karl Oliver. Queda mucho mejor, aunque no sé, igual suena un poco a lo Karl Lagerfeld y francamente no querría que me confundiesen con ese tipo tan siniestro. Y, por otro lado, ya hay una estrella de la fotografía en Youtube llamada Karl, así que no sé. Bah, ya lo iré puliendo.

Ya que estamos, y para que esto no quede tan ego-post rollo yo-mí-me-conmigo, y sea un poco más «Yo, mí, me, contigo» (como el disco del gran Sabina), aprovecho para comentar las andanzas de un par de amiguitos que lo están petando que lo flipas (uy, qué poligonero me ha quedado esto). El primero es Kike Arnaiz, alias «Prisma Tutoriales«. Ya hace tiempo que Kike entró en un frenesí imparable de producción de vídeos donde aúna conocimientos y brevedad (el tiempo es oro y él lo maneja como nadie). Podría decirse que yo de mayor quería ser como él, y ha sido viendo su canal que he comprendido que ya llego tarde a mi gran sueño así que lo máximo que puedo hacer es recomendaros que, si no lo habéis hecho ya, os deis un paseo por su página y canal.

Yo creía que mi canal era guay hasta que visité el suyo.

Pero no solo de prismas vive el hombre: si bien Kike ya es una superestrella youtubera, hay otros artistas que, como yo, viven o sobreviven en el anonimato o casi. Ese es el incomprensible caso de Oscargrafías, talentoso montajista (no en el sentido de Telecinco, sino en el fotográfico) cuya página podéis visitar haciendo clic en este enlace. Este que veis aquí debajo es uno de sus trabajos más recientes, Veritas filia temporis, pero en su página encontraréis un montón más (por cierto que no le he pedido permiso para reproducir aquí esta imagen, espero que no le moleste y que se interprete como una licencia editorial-informativa):
Lo más sorprendente del caso de Óscar es que se ve que no tiene bastante con hacer estos alucinantes montajes: encima graba vídeos tipo «speed art» donde podemos ver en versión acelerada el proceso creativo de muchas de sus obras y sacar infinidad de ideas prácticas por no hablar del chute inspirativo que supone. Podéis ver estos speed art en su página, pero para los ansiosos, aquí incluyo el enlace a su canal de Youtube. Óscar no debería estar en el anonimato sino en el anonimuero, «muero» de éxito, claro. Y si bien rabio un poco cuando veo que alguien más torpe que yo me supera en éxito, mayor mosqueo me produce lo contrario: que alguien de talento superior al mío tenga menor reconocimiento, así que aquí queda esto con la vana esperanza de que contribuya a que el mundo sea un lugar un poco más justo y todo eso.

Por supuesto, este post podría seguir on and on and on ad infinitum ad nauseam y adblock plus (el milagro antianuncios) con más recomendaciones de otros coleguillas, pero todo lo bueno se acaba, como en la canción de la apetitosa Nelly Furtado. Así que eso, ¡fin del post! Abandonen la sala de forma ordenada y no dejen desperdicios. Gracias.

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