Icono del sitio Carlos A. Oliveras

El equipo de LR responde al clamor popular: ¡Lightroom es ahora un producto para novatos!

La nueva y extraña importación introducida brevemente en la versión 6.2 / 2015.2.

[dropcap]E[/dropcap]sta entrada tiene mucho que ver con la anterior, en la cual hablé del nuevo mecanismo de importación y del elevado volumen de quejas que había generado. Tan sonora ha sido la pitada, que en Adobe se han visto obligados a dar un paso al frente. Pero no se les ha ocurrido nada mejor que mandar como emisario al temible Sharad Mangalick.

Ya sabíamos que la mezquindad de Mangalick no conocía límites (es un tipo que tiene por norma borrar o aprobar con meses de retraso todos mis comentarios en el blog de Adobe). Pero en el blog de Lightroom se nos ha revelado como el gran cómico de nuestra era: un cínico socarrón que se ríe en nuestras narices y que -por contraste- convierte las actuaciones de Faemino y Cansado en una disertación filosófica.

Tras leer el blog de Lightroom, lo de Faemino y Cansado parece existencialismo.

La catarata de sandeces que el malvado Mangalick vierte en la entrada publicada ayer viene a ser la reacción oficial adobita a los cientos y cientos de comentarios de queja publicados en la página de Adobe sobre la nueva importación venida a menos. De hecho, esta reacción negativa ha pulverizado todos los récords y ha alcanzado la primera posición del ranking de quejas en un tiempo récord de poco más de 48 horas, en comparación con otras quejas que han tardado 4 años en llegar a niveles similares de descontento y frustración: a estas horas, hablamos de más de 300 votos, cifra que no sé yo si se había alcanzado alguna vez.

Dicen que rectificar es de sabios. Luego está Adobe, que en vez de sabios, se pasan de listos con esta actitud de ninguneo al usuario serio: básicamente, nos invitan a resignarnos y asumirlo. Tal cual. De acuerdo a este comunicado oficial, la prioridad en el desarrollo de LR se está desplazando hacia los aficionados y novatos de la fotografía, así que cualquiera sabe qué otra clase de calamidades nos tienen reservadas para el resto del programa. En la sopa de letras que el avieso Mangalick ha publicado para mayor escarnio de las víctimas de este cambio, nos explica que lo han hecho porque hay mucha gente que no usa Lightroom, pero que comparte la misma pasión y motivación por la fotografía que quienes ya usan Lightroom. Y claro, quieras que no, también son hijos de Dios, así que se lo quieren poner más fácil, no vaya a ser que las nuevas generaciones tengan que aprender a usar el programa. Si algo es complicado, se elimina y ya.

Desde Pedro Reyes que no se escuchaban semejantes ocurrencias. Con la pequeña diferencia de que Reyes era humorista, claro.

La explicación [Actualizo: fue borrada posteriormente, por lo que el enlace ya no funciona], que recomiendo leer a poco que entendáis la lengua de Shakespeare (aunque luego traduciré una parte), constituye un despropósito considerable en sí misma, pues si ambos grupos (usuarios nuevos/usuarios experimentados) son tan parecidos, cabe pensar que no requieren soluciones distintas. E incluso si así fuera, ¿es lógico dar prioridad a quienes no usan el programa, no sea que lo usen, por encima de quienes son usuarios fieles? Desde la perspectiva de la nube creativa (bautizada por algunos detractores como el «Insert Coin«) sí lo es: parece que hayan pensado «como que a los veteranos ya los tengo cogidos por la cuenta bancaria, vamos a ver si ahora capto los dólares de algún que otro selfie-adicto al que pueda convencer de que solo 4 clics lo separan de la fotografía profesional«. Brillante, Mangalick y asociados. Brillante.

El Joker aplaude la brillante decisión de Adobe. Ni siquiera una abyecta mente criminal como la suya podría haber ideado tan insidiosa felonía.

Pero si una parte estas declaraciones me ha fascinado, es la siguiente, que traduzco de forma aproximada (en cursiva y gris intercalo mis comentarios):

[content_band style=»color: #000;» padding_bottom=»0″ padding_top=»0″bg_color=»#f5f5ff» border=»all» inner_container=»true»]Visitamos a domicilio (a gente que aún no usa LR) y les pedimos que instalasen, iniciasen y usasen Lightroom. Dado que esta era su primera interacción con Lightroom, nos interesaba especialmente observar dónde encontraban obstáculos, y por tanto, dónde debíamos concentrar nuestra atención.

De forma sistemática, los clientes (¿Cómo que «clientes»? No hemos quedado que aún no usaban Lightroom?) eran incapaces de descifrar el cuadro de diálogo de Importación sin sentirse frustrados (¡Natural! A ver si van a aprender por ciencia infusa… ¡por algo el Evening vende libros y existen cursos de Lightroom!). Algunos salían adelante a base de dedicar tiempo a buscar ayuda en páginas web. Puede que consiguieran importar los archivos con éxito, pero no se sentían exitosos (¿Perdón? ¿No basta con importar fotos, te has de sentir como el puto amo?). Otros se rendían tras decidir que quizá Lightroom no era para ellos. (Dios mío, ¿necesitaron terapia? ¿Alguien les dijo que, efectivamente, a lo mejor Lightroom NO es para alguien incapaz de dedicarle ni que sea 5 minutos a aprender un programa?)

La experiencia previa de Importación (¡ojo! ¡Es una experiencia!) hacía que la gente se alejase frustrada de sus ordenadores – literalmente. Mantener la experiencia de importación actual no es una opción (traducción: no piensan volver atrás), por lo que necesitábamos hacer evolucionar esta experiencia de importación.[/content_band]

Yo he tenido que mirar el calendario para estar seguro de que no fuera 1 de abril, o sea, el día de los Santos Inocentes en Estados Unidos y sus aledaños. Pero no, no lo es. Esto va en serio (o estoy soñando). Lightroom va camino de pasar de ser un producto para fotógrafos profesionales o aficionados serios, a una especie de juguete para niños y niñas de entre 6 y 12 años que cogerán una rabieta si no importan a la primera los selfies de su telefonillo móvil. Me vais a perdonar, pero la explicación anterior sobre los adobitas yendo casa por casa estudiando a la gente y todo eso me resulta cómica y evoca en mi mente escenas hilarantes, de esas que no puedo evitar dialogar, o sea, ponerles diálogos. La imagino tal que así:

[content_band style=»color: #000;» padding_bottom=»0″ bg_color=»#f5f5f5″ border=»all» inner_container=»true»]
– Toc, toc.

– ¿Quién es? Si es otro comercial de ADSL o del gas, le daré 10 segundos de ventaja y luego dispararé. 9… 8…

– Para nada. Adobe llama a su puerta, amigo. Sabemos que no usa Lightroom. Ábrame: le traigo un mundo de experiencias exitosas.

(El tipo abre)

– ¿Experiencias exitosas? Eso me interesa: mi vida es muy triste. Las chicas no me hacen caso, no consigo entrar en Gran Hermano y cada año tengo que comprarme pantalones una talla mayor. Cuénteme más.

– Pasemos a su cuarto del ordenador. Le voy a pedir que instale Lightroom. Es un programa para fotos y esas cosas.

–  Vaya, ¿y tiene que ser ahora mismo? Es que me pilla en plena sesion de selfies. Y luego tengo al gatito esperando que le saque sus 500 fotos diarias.

– Amigo, las experiencias exitosas no esperan. Instale ahora o sea un infeliz para siempre. Usted sabrá.

– De acuerdo, de acuerdo.

El enviado de Adobe entra en el piso y ambos se dirigen a una habitación en la que se encuentra un ordenador sobre una mesa.

– Encienda el trasto y vaya preparando la cartera, que esto le va a costar un dinerito. Cada mes.

– ¡Caray con las experiencias exitosas! Si lo sé, no le abro la puerta.

(20 minutos después, el programa ya está instalado)

– Bien, amigo, está usted a un paso de triunfar. Pero primero, déjeme que le coloque estos cables y electrodos, pues tendré que medir su temperatura corporal, presión arterial y saturación de oxígeno en sangre a intervalos regulares. Aflójese la camisa y el cinturón.– el empleado saca una especie de consola con botones, interruptores y pantallas, le conecta unos cables y empieza a envolver al usuario con ellos.

– Madre mía, parezco Belén Estebán en el Poli Deluxe. ¿Si le miento, lo sabrá?

– Soy de Adobe. Lo sabemos todo. Pero por si acaso, mientras tenga esto puesto, no diga la frase «Lightroom está optimizado«, o el detector de mentiras podría explotar violentamente y matarnos a los dos – el empleado empuja la consola de control hacia el usuario y se aparta un poco- Bueno, solo a usted.

– De acuerdo. Entonces dígame cómo va esto de las fotos que me ha puesto en el ordenador. Intuyo que podría ayudarme a ganar seguidores en instagram, ¿no?

– Se confunde usted, pedazo de imbécil, digo, futuro cliente: esto no va de fotos, va de experiencias. En cuanto a qué debe hacer, yo solo le diré que pulse el botón «Importar«, sí, ese. A partir de ahí, yo estaré absolutamente callado y ya no le diré nada en absoluto, simplemente iré observándole y tomando notas. Es posible que le aplique alguna descarga eléctrica en momentos puntuales, pero no debe preocuparse. A lo sumo quedará inconsciente durante unos momentos y luego podrá continuar.

– Vaya, menudo plan, pero bueno, todo sea por la experiencia. Veamos… Importar… Mmmh… Cuántas opciones… A ver, ¿dónde están los filtros del instagram? Que yo sin el Nashville no soy nadie, eh… ¿Y los marcos que son… así, como de negativo perforado? ¿Y mis amigos de facebook?

– Interesante. ¿Me insinúa que se siente como si fuera la primera vez que ve esta pantalla, y que no sabe de antemano cómo funciona todo esto? ¿Qué, incluso, podría llegar a tener que ver tutoriales, comprarse libros o asistir a cursos para aprender a usar un programa totalmente nuevo para usted? ¿Calificaría su situación de desesperada?

– Oiga, ¿no dijo que iba a estar «absolutamente callado»?

– También dije que podía darle descargas eléctricas en este punto, el empleado de Adobe acciona un botón y propina una potente descarga al usuario, que se sacude violentamente con la electricidad y queda aturdido unos instantes. El empleado de Adobe lo sujeta para que no caiga de la silla, mientras mira su reloj para contar cuántos segundos tarda en recuperar la conciencia. Finalmente, el usuario se despierta y el adobita anota el tiempo transcurrido mientras asiente con la cabeza, como dando por bueno el dato.

– Aaaah… ¿Qué ha pasado? Ah sí… la importación… Oiga, ¡me ha dado usted una descarga eléctrica! Ya he tenido suficiente, ¡váyase de mi casa! ¡A mí, o me trae un programa que le pueda poner bigotes y sombreros a la gente con un clic, o no me interesa!

– Sí, no hay problema. «Bigotes y sombreros» – murmura el empleado de Adobe anotando en su bloc – Perfecto, ya tengo suficientes datos.

El usuario se levanta y lleva a empujones al visitante hasta la puerta mientras este sigue tomando anotaciones y murmura:

– «A juzgar por la reacción del usuario, parece sentirse frustado tras intentar realizar su primera importación«.

– Esto me pasa por dejar pasar a cualquiera. Comerciales de ADSL y del gas, ¡dónde estáis cuando se os necesita!

De un último empujón, el usuario expulsa al adobita de su casa, que casi tropieza al salir por la puerta, todavía tomando notas. Entonces se gira de nuevo hacia el usuario:

– Una última pregunta antes de abandonar su domicilio. ¿Se ve usted importando duplicados? ¿Le ha parecido útil ver la estructura de archivos resultante en el panel derecho? También querría saber su opinión sobre el renombrado de arch…

– ¡A tomar por saco, mamarracho! – el usuario cierra de un portazo.

– Interpretaré eso como un «No«. Ya lo sospechaba. Pobre hombre, tan contento que estaba, y este antipático mecanismo de importación lo ha puesto de mal humor.

De vuelta a sus oficinas, el empleado de Adobe entra en una sala interminable donde infinidad de programadores con bata, sentados frente a un ordenador, parecen estar esperando una orden para ponerse a trabajar. El adobita entra, deja su abrigo en una percha y mira solemnemente sus notas durante unos interminables segundos. Finalmente, varios programadores, impacientes, empiezan a lanzar sus propuestas:

– Qué, ¿optimizamos ya el programa?

– ¿Mejoramos el cuadro de exportación?

– ¿Hacemos un espacio de trabajo personalizable y un lienzo con zoom fluido?

– ¿Empezamos a corregir los fallos que están informados desde 2011?

El empleado de Adobe alza la cabeza y niega de forma condescendiente, apretando los labios para reprimir una sonrisa que apenas puede contener: la ingenuidad de los ingenieros nunca deja de sorprenderle.

– Chicos, me encantaría hacer todo eso. Sabéis que me encantaría. Pero mirad mis manos – el adobita hace un gesto como si tuviera las muñecas esposadas- Sí, mis manos están atadas. Nos debemos a nuestros usuarios. Y hoy el cliente ha hablado alto y claro. Bueno, el futuro cliente. O sea, el posible cliente. Es igual: una serie de personajes que hemos visitado. Olvidad esas chorradas que decíais, y centraos en lo importante: una experiencia exitosa. ¡¡Luz verde a la nueva importación!! – exclama triunfalmente, lanzando al aire todas sus notas.

El empleado se da la vuelta para irse, pero entonces recuerda algo, se gira de nuevo y añade:

– Ah: no olvidéis ponerle una foto chula de fondo, y recordad: cuantas menos opciones tenga, más cobraréis a final de mes. Cada casilla extra os descontará 500 euros del sueldo, así que vosotros mismos.[/content_band]

El resto, como se suele decir, es historia.


A mí, como ya dije, todo esto de la nueva importación no es que me afecte mucho personalmente, pero tras leer lo que he leído, pienso que hay motivos para preocuparse por el futuro de Lightroom. Espero que los usuarios consigamos recordarle a Adobe por qué usamos Lightroom, y que las grandes mentes pensantes responsables de esta ocurrencia sean puestas de patitas en la calle antes de que puedan hacer más daño.

Mientras tanto, si alguien necesita volver a la versión anterior, puede seguir los pasos indicados en cualquiera de estos dos enlaces. Están en inglés pero son fáciles de seguir, el primero en especial:

Blog de The Lightroom Queen (3 pasos numerados: desinstalar la versión actual, instalar la 2015/6.0 y luego la 2015.1/6.1 empleando los enlaces que se proporcionan)

Blog de The Lightroom Lab – explicación como la anterior, y videotutorial

En ambos casos es recomendable tener al día vuestras copias de seguridad de catálogo y fotos, por si acaso más que nada. Yo por ahora mantendré la nueva versión, pero hay que tener en cuenta que al margen del tema de la importación, parece ser que algunos usuarios de mac están teniendo muchos problemas con la última actualización, lo cual podría ser otro motivo para volver, ni que sea temporalmente, a la versión anterior. Al menos, para esto hay esperanza, pues en el mismo comunicado, Mangalick ha anunciado que se publicará en breve otra actualización para corregir esos problemas.

¿Dará Adobe marcha atrás, o realmente se mantendrá en sus 13? Sinceramente, hasta las declaraciones de Mangalick, pensé que había muchas opciones de que al menos dieran opciones para elegir entre uno u otro mecanismo, pero ahora lo dudo. Aun así, apuesto por que de un modo u otro, terminaremos con una ventana de importación que contenga todas las opciones que han eliminado. Y sobre todo, espero que tomen nota antes de tener ocurrencias del mismo calibre con el módulo Revelar o Biblioteca. El tiempo dirá.

Actualización: Efectivamente, darán marcha atrás o se quedan sin clientes – El equipo de Lightroom se disculpa por la actualización 6.2 de Lightroom

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