[dropcap]E[/dropcap]n esta entrada querría reflexionar, y ya puestos chotearme un poco, sobre la posibilidad de que Lightroom termine convertido en una mezcla entre un programa obsoleto y una «app» para escritorio orientada a usuarios ocasionales. De hecho, pensaba publicar esto ayer, pero temí que se tomase por algún tipo de inocentada (en España, el 28 de diciembre es el equivalente al 1 de abril en otros países), así que lo dejé para hoy. Porque en esto hay humor, pero tampoco quiero que se tome del todo a chufa: el riesgo está ahí, y en las siguientes líneas trataré de llamar vuestra atención sobre los distintos signos de alarma que, cual señales del apocalipsis, han ido apareciendo.
Ya he dicho en muchas otras ocasiones que en mi opinión, Lightroom tiene una interfaz y estructura general obsoleta (prácticamente invariable desde la versión 1.0) y que sus prioridades de desarrollo son, como mínimo, curiosas. En la versión 6.0/CC, que se publicó este 2015, se perdió otra oportunidad de modernizar el programa: hasta aquí, nada nuevo, pues así ha sido durante los últimos 9 años. Sin embargo, es posible que esta versión marcase el inicio de una insidiosa conspiración judeomasónica que tiene por objeto simplificar progresivamente LR hasta convertirlo en una caricatura de sí mismo. En esta versión, de hecho, se añadió el reconocimiento de rostros, que puede ser útil, pero que me parece que fue el primer intento de acercar Lightroom a los aficionados a etiquetar personas en redes sociales, si bien en este momento todavía no sospechábamos los oscuros planes que nos tenían reservados Sharad Mangalick y compañía (como ya sabéis, Mangalick es un tío de Adobe más malo que arrancao que se dedicaba a borrar mis comentarios del blog de Lightroom).
La versión 6.2 y su importación de juguete
Estos planes empezaron a asomar la patita con la actualización 6.2 / 2015.2 publicada el 5 de octubre. De entrada, dicha versión se publicó con graves problemas de compatibilidad con algunas versiones de MacOS (particularmente El Capitan), dando la impresión de que los desarrolladores de LR no consideraban crítica la fase de pruebas, contrariamente a lo que cabría esperar de un producto supuestamente profesional del que muchas personas dependen en su día a día.
Pero lo más llamativo de esta versión fue la introducción de un nuevo mecanismo de importación que no pagaba ni con cola con el resto del programa: en lo estético chirriaba y en lo funcional, se cargaba un montón de opciones. En otro programa habría resultado difícil entender que quitasen características, pero como ya dije antes, Lightroom tiene una trayectoria de desarrollo extraña, incluso errática en algunos momentos, de modo que las rarezas forman ya parte de su esencia.
El pastel se descubrió definitivamente cuando el nefando Sharad Mangalick (quién si no) nos dejó de piedra el 7 de octubre publicando en el blog de Adobe que la prioridad de Lightroom eran los usuarios novatos (aquí su anuncio y aquí mi análisis en clave de choteo). Concretamente, señalaba que la importación era una cosa muy complicada y que rediseñarla era condición sine qua non para el futuro del programa, de modo que por mucha queja que hubiera, la cosa no tenía marcha atrás. El plan de la maligna facción adobita capitaneada por el cruel Mangalick quedaba así al descubierto de una vez por todas: alejar Lightroom del usuario serio/profesional y llevarlo progresivamente al terreno amateur/lúdico, dando prioridad a las necesidades de los usuarios que en circunstancias normales serían carne de Instagram. Evidentemente, las fotos de cumpleaños o de los pies después de pintarse las uñas son muy lícitas, pero no resulta sensato pensar que usuarios con ese perfil vayan a aprender cómo funciona un programa como Lightroom solo para etiquetar sus fotos de gatitos y geoposicionar sus fiestukis, y mucho menos pagar una suscripción mensual por ello (y digo suscripción en vez de licencia porque las características «mobile«, que permiten compartir fotos online y serían las más orientadas a estos usuarios, solo se incluyen en dicha modalidad de pago). Pero por lo visto, Adobe había decidido captar nuevos usuarios a cualquier precio, y la destrucción de la importación posiblemente no era más que el primer paso. Luego vendría la aniquilación de las palabras clave y finalmente, la reducción del módulo revelar a una triste réplica de los filtros de Instagram. A partir de ahí, las nuevas características serían cosas como un editor de gifs animados de nuestras vacaciones o packs de bigotes y chisteras para colocar en las fotos. Un plan maquiavélicamente perfecto que solo planteaba un pequeño problema: no tiene pies ni cabeza.
La airada reacción de Scott Kelby y el extraño alegato de Matt Kloskowski
Tras la citada publicación de Mangalick explicando las nuevas prioridades, la indignación de los usuarios se disparó: bastante soliviantados andaban ya por la cagada con la versión de mac y la nueva importación de juguete, como para que ahora, encima, esta gente sacase pecho por haber recortado el programa y de remate lo justificasen con unos argumentos que parecían una broma de mal gusto.
Cómo sería la cosa, que hasta Scott Kelby, el requetepopular autor de libros de Lighroom y Photoshop, se posicionó en contra de este cambio en varias publicaciones del blog lightroomkillertips (12 octubre, 13 de octubre y 16 de octubre). Destaco este hecho dado que Kelby siempre ha tenido una notable sintonía con Adobe – evidentemente, no tiene la última palabra en nada, pero Adobe sí que ha tenido en cuenta su opinión a la hora de introducir o no ciertos cambios en el pasado, de modo que me llamó la atención que en algo tan gordo como esto no le hubieran consultado o, como mínimo, no le hubieran hecho caso.
La situación empezaba a pintar mal para Adobe: las quejas sobre este asunto batían un nuevo récord cada día que pasaba, hasta que el 16 de octubre, Mangalick y sus esbirros no tuvieron más remedio que batirse en retirada cuando Tom Hogarty tomó el timón del blog de Lightroom y anunció que se recuperaría la importación «tradicional» en una futura versión 6.3/2015.3. Kelby celebró esta decisión en una entrada publicada pocos días después, aunque extrañamente, en un párrafo final afirmó que, de todos modos, la importación de LR es un problema y que debe ser replanteada para los nuevos usuarios. Es decir, después de haberse desmarcado de todo el asunto, de golpe se expresaba en unos términos extrañabamente similares a los empleados por Mangalick en su momento. ¿Se estaba reincorporando a un plan que ya conocía?
La sospecha de algún tipo de conspiración que salió mal se ve reforzada si tenemos en cuenta que el 13 de noviembre, Matt Kloskowski (que ya no trabaja con Kelby, pero ha estado muchos años con él) publicó en su blog una entrada donde defendía con entusiasmo la nueva importación, aún sabiendo que estaba condenada a desaparecer. Matt K. es un gran formador, un experto en fotografía digital y un tío muy sensato, pero los argumentos de su alegato a favor de la nueva importación eran infumables – de hecho, Matty K se inventaba cosas y hacía alguna que otra trampilla para justificar su postura, cosa inusual en él. Todo junto, muy raro: uno llega a tener la impresión de que se el plan inicial era rebajar Lightroom a la categoría de juguete para niños, que la cosa salió mal y que algunos «golpistas del píxel» quedaron colgados por el camino esperando unos refuerzos que nunca llegaron porque la operación quedó abortada. El texto de Kloskowski, como el de Mangalick y el último añadido de Kelby, confluía de forma sospechosa con ese discurso acerca de la necesidad de rehacer la importación. ¿Paranoia? No lo creo – Kloskowski iba más allá en su alegato y reivindicaba abiertamente la necesidad de que Lightroom cambie para ser accesible a las masas, e incluso afirmaba que el futuro de Lightroom es gente como su madre (como ejemplo de persona novata o carente de un interés específico en la fotografía). Yo me pregunto, ¿desde cuándo Lightroom es un producto para «las masas» y para usuarios con escaso interés por la fotografía como fin en sí mismo? ¿Es incompatible ser madre y hacer fotos?
Sea como sea, el 17 de noviembre Tom Hogarty anunciaba la publicación de Lightroom 6.3/2015.3, que efectivamente recuperaba la importación completa. Se rumorea que el código de programación de la «importación 6.2» no fue destruido, sino que se conserva bajo 7 llaves en la cámara frigorífica de unas instalaciones de seguridad. Allí también se custodian los virus del sarampión y el ébola o los CDs de todas las ediciones de Operación Triunfo, por si algún día nos invaden los aliens y queremos zumbarles sin contemplaciones con lo más dañino que tengamos a mano.
Bienvenida al infierno
En fin, hasta aquí todo podría ser poco más que una anécdota: yo mismo di la crisis por resuelta con la versión 6.3. Creí que era evidente que Adobe (y más específicamente Mangalick) había recibido el mensaje – no queremos que Lightroom sea un producto para la madre de nadie, ni un subproducto de Fisher Price apto para niños de 12 meses en adelante, igual que tampoco le pediríamos a Instagram que nos permita retocar fotos para la portada del Vogue. Cada cosa requiere unos medios y unas herramientas diferentes, y aunque está bien simplificar, conviene aplicar aquella máxima atribuida a Einstein: hacerlo tan simple como sea posible, pero no más.
Sin embargo, hace poco algo me ha hecho pensar que quizá bajé la guardia demasiado pronto. Resulta que recientemente instalé LR en otro ordenador, y al iniciarlo, me apareció un estremecedor vídeo de presentación cuya existencia desconocía y que me ha devuelto mis peores temores. No sé desde cuando se incluye este vídeo con el programa, pero no hace falta instalar LR desde cero para verlo: puede mostrarse yendo a Ayuda>Bienvenida a Lightroom. Al acceder a esa opción del menú, aparecerá esta pantalla:
Mencioné a Einstein más arriba no por casualidad: este vídeo demuestra que el tiempo es relativo, pues aunque la pantalla que reproduzco sobre estas líneas indica que el vídeo dura 30 segundos, su duración real es de 1 minuto y 10 segundos. Un engaño rastrero y mezquino que solo puede haber sido urdido por la mente del malvado Mangalick, quién sabe si en colaboración con Kloskowski y su señora madre. Pero cuidado, porque esta trampa espacio-temporal apenas es el principio del asunto: en esta peliculilla de duración falseada veremos cosas francamente espeluznantes. Antes de nada, por si no tenéis Lightroom a mano, incluyo aquí el vídeo, ya que he visto que está publicado en Vimeo:
A continuación, paso a relataros lo que se ve en dicho vídeo, pues hay que saber leer entre líneas para ser plenamente consciente de lo que se nos podría venir encima:
• De entrada, aparece una señora afotando a una niña en un columpio. Una música de fondo sugiere que todo está bien, que todo fluye, que todo es guay. Pero no pueden engañarnos: aunque la niña del columpio solo tiene una pierna en el momento de disparar, la foto resultante que luego aparece muestra las 2 piernas. Quieren hacernos creer que gracias a Lightroom, recuperaremos extremidades y apéndices que no estaban en la escena original. Hete aquí la prueba incontestable de esta tomadura de pelo, o más bien de pata:
• A continuación, la señora llega a casa sola – por tanto, cabe suponer que o la niña era una desconocida, o la ha dejado abandonada a su suerte. Sea como sea, atención, porque aunque la mujer tiene un cómodo sillón azul celeste junto a su mac (depositado sobre un banquillo a modo de altar manzanero), opta por realizar la importación DE RODILLAS. Cosa lógica si está usando la versión 6.2, pues lo más recomendable es rezarle un padrenuestro a San Antonio para encontrar las fotos después de importarlas. Vean aquí a la pobre mujer genuflexa ante la máquina, humillada ante los caprichos adobitas, renunciando a los cómodos y mullidos asientos de su mansión de diseño con tal de salvar sus fotillos. Y por cierto, prestad atención también a ese cuadro tan raro que tiene detrás, pues más adelante hablaremos de él:
• La tipa se dedica a marcar y rechazar fotos (suponemos que todavía de rodillas) y luego les pone estrellas. ¡Su mejor foto es solo de 3 estrellas! Ejemplo claro de que LR se plantea como herramienta para gente muy limitada artísticamente, incapaz de conseguir fotos de 4 o ya no digamos 5 estrellas como es habitual en mí. De hecho, la señora se columpia más que la niña de la foto, porque en mi opinión sus tomas no merecerían ni una estrella. Es más, debería haber formateado la tarjeta de memoria antes de llegar a casa, y se habría ahorrado la triste escena de la genuflexión y la cuota mensual de 12 euros.
• En un pis-pas, la mujer se levanta, atraviesa el salón y aparece en el campo al atardecer, mientras se crea una colección en su mente. Quizá vio mi reciente serie sobre colecciones en Lightroom, quién sabe. Sea como sea, se une a una chica que podría ser la del columpio, que ya ha recuperado todas sus piernas, y a un tipo al que no hace ni puñetero caso, por lo que se supone que es el clásico pagafantas que se ha prestado a proporcionarle apoyo logístico. Posiblemente el infeliz alberga la vana esperanza de hacerle una larga exposición con la excusa de que por la noche hay menos luz, pero se va a quedar con las ganas. Los 3 se sientan juntos y mientras la mujer mira los menús de su cámara, la chavala hace fotos con algo que parece un móvil y el hombre mira al infinito como preguntándose por qué todas le dicen que le quieren como amigo. Reflejos dorados revisten la escena de un carácter bucólico. Es la magia de Lightroom.
• Ya de regreso de la excursión, la mujer ejecuta de forma impecable dos teletransportes consecutivos (teneís que ver el vídeo para entenderlo): primero aparece en su cocina mágicamente, entonces se da la vuelta, regresa al idílico escenario que acaba de abandonar, y hace una foto que por lo visto había olvidado hacer… pero aunque lleva una cámara colgada al cuello, ¡la muy petarda hace la foto con el móvil! Los desplazamientos imposibles no deberían sorprendernos en absoluto desde el momento en que un vídeo de 30 segundos dura más del doble. Pero con esto, además, Adobe nos demuestra dos cosas: una, la integración con Lightroom Mobile, pues vemos brotar el iconito del Creative Cloud sobre la foto, como diciendo «mirad so gañanes, la foto también se teletransporta«. Y la segunda, que Lightroom está dirigido a usuarios que sienten una absoluta indiferencia, cuando no desprecio, por el tamaño del sensor y el rango dinámico de este. Escalofriante. Tras completar esta toma, la mujer se teletransporta de nuevo a su casa (la niña y el tipo se han esfumado de nuevo, quizá absorbidos por un agujero negro).
• La mujer se sienta en su cocina y empieza a revelar las fotos con gran agilidad y soltura. Pero algo llama nuestra atención: en la mitad derecha de la foto vemos el mismo cuadro que aparecía detrás cuando se ponía de rodillas al principio del vídeo. Es posible que le guste tanto el cuadro, que se haya comprado varios y tenga uno idéntico en cada habitación. Al fin y al cabo, es una persona que importa sus fotos de rodillas teniendo un sillón, y revela sus fotos en la cocina, además de desafiar el espacio y el tiempo. Por tanto, ya nada debería extrañarnos.
• Pero entonces ocurre algo mágico: la cocina es la misma, los cacharros de fondo siguen colgados en su sitio, incluso un bol de fruta pocha sigue donde estaba… ¡pero el cuadro repetido ha mutado y es ahora diferente! ¡QUÉ CLASE DE BRUJERÍA ES ESTA! Eso por no hablar de que, a juzgar por las sombras, la luz del sol le tiene que estar atizando en la pantalla a base de bien, y la tía encantada. ¡Basta ya! ¡Esto es intolerable!
• Y aún nos falta por presenciar lo más siniestro de todo: tras retozar aleatoriamente con los controles de revelado sin ton ni son, la mujer que importaba de rodillas cambia de criterio y decide jugárselo todo en la ruleta de los presets. ¡Normal que solo consiga fotos de 1 a 3 estrellas! Pero a ella no le importa: acaba de teletransportarse tras una excursión en el campo, se ha librado de la adolescente que gana y pierde piernas a voluntad, ha dejado en la estacada al pobre pagafantas del jersey a rayas y tiene una casa con cuadros mutantes. Ríe maleficamente mientra juguetea con los presets más trillados de la historia sin que parezca importarle lo más mínimo. La escena causa un desasosiego insoportable para cualquier espíritu con un mínimo de sensibilidad.
• Finalmente, alcanzamos el clímax del asunto: las fotos son compartidas online con sus coleguillas, que observan las fotos de la colección marcando como favorita la de la niña del columpio. Una de las chicas asiáticas mira como diciendo «ay, mírala qué mona, así salga disparada del columpio y se escoñe«, mientras la otra mira al tipo de la derecha, que es el presunto pagafantas. Efectivamente, ignorado por la fotógrafa, el pobre hombre se ha lanzado a intentarlo con las chicas asiáticas. En todo caso, rabian de envidia ante la magnífica aventura de fin de semana que esas magníficas fotos relatan. El vídeo concluye con el logotipo de LR en el centro, en plan «y todo esto gracias a Lightroom«.
Conclusiones
No es que esta entrada pretendiese ser muy seria pero reconozco que se me ha ido progresivamente la olla conforme he ido avanzando. Sin embargo, eso no significa que no haya cosas ciertas en todo lo anterior. Ahí está la famosa entrada de blog de Mangalick explicando que habían ido por las casas intentando reclutar nuevos usuarios, por no hablar de ese vídeo de «bienvenida» que equipara las fotos del móvil a las de una cámara en condiciones, propugna el uso de preajustes casposos y plantea que la motivación última de hacer fotos sea compartirlas en Internet para que otros puedan darle al «me gusta». Todo esto encaja en ese posible plan para ir llevando Lightroom hacia algo que se desvía bastante del que fuera su propósito original: una herramienta para los fotógrafos digitales con un mínimo de respeto por sí mismos.
Así que coñas aparte, habrá que andarse atento ante cualquier intento de volvérnosla a meter de canto, doblada y con tirabuzón. Prefiero fotografiar de pie que importar de rodillas.
