Icono del sitio Carlos A. Oliveras

IA, o el lejano murmullo de la bola de nieve

Ya tenemos publicadito el prometido vídeo de Krea.ai, y funcionando bastante bien en youtube (para los tiempos que corren, claro – hace años, habría sido un fracaso, pero hoy en día cuesta aspirar a mucho más). Y parece que muchas reacciones son de sorpresa, casi de aturdimiento, cosa que también considero un éxito, porque esta era, en gran parte, la intención. Pero dejad que me explique.

Normalmente, como ya dije hace poco, youtube te obliga a que cada vídeo sea «la hostia«, hablando claro. O mejor dicho, no se trata tanto de que el contenido sea despampanante, como de crear una expectativa lo más extrema posible, de curiosidad, de miedo, de esperanza o de cualquier cosa que pueda provocar en la persona la necesidad de olvidar lo que tuviera en mente y hacer clic ahí. Porque, aunque el contenido luego sea decepcionante y no responda a esas expectativas, para entonces tú, como usuario de YouTube, ya has bajado la «guardia mental«. Y a partir de ahí, eres víctima fácil para el carrusel infinito de vídeos encadenados de YouTube, esa rueda de hamster que gira sin llevarte a ninguna parte.

Sin embargo, mi intención no era satisfacer los deseos del señor YouTube. Es decir, si como efecto colateral, el vídeo es atractivo y, sobre todo, la gente realmente encuentra algo interesante en él, aunque sea como puro entretenimiento, muchísimo mejor. Pero yo tenía en mente otra aspiración más ambiciosa, incluso un punto presuntuosa, aunque siempre de buena fe: ayudar a que mucha gente cobre conciencia de lo que se nos viene encima.

Muchas personas simplemente tienen una vida que atender (trabajo, familia, hobbies, amigos…) y no están al corriente de lo que se cuece en el mundo de la IA. Otros, directamente no quieren saber nada de esto porque lo consideran una suerte de ponzoña moderna no muy distinta del fétido Tik-Tok, los decadentes «concursos de talentos» y otras calamidades del mundo moderno. Una suerte de moda pasajera que puede ser encapsulada y descartada como la sustancia tóxica que es. Pero todos comparten un denominador común: no entienden que este tren ya ha salido. Miradlo así: si estuvierais en la nieve y un alud monumental se estuviera formando montaña arriba, más allá de nuestra vista, ¿no querríais estar atentos a cualquier señal para poneros a cubierto? ¿O sacaríais la agenda para ver cuándo tenéis hueco para mirar «eso del alud«? ¿Confiaríais en que una actitud de desprecio, incluso de indignación, os salvase de quedar sepultados? No sé, pero yo por lo menos querría que alguien de mi grupo detectase cuanto antes ese «lejano murmullo de la bola de nieve«.

Con esta comparación tan inquietante no quiero dar a entender que la irrupción de las IA, particularmente todas las que están basadas en modelos de aprendizaje, tenga que ser algo que amenace nuestra existencia. Creo que su aportación va a ser fundamentalmente positiva globalmente, aunque tampoco os negaré que tengo mis recelos y a veces temo que, como sociedad, no podamos incorporar estas tecnologías al ritmo adecuado, que la cosa nos desborde y desequilibre unas estructuras que muy pocas veces en la historia han tenido que adaptarse a tanto y tan rápido. La verdad es que no lo sé.

Pero sí creo que nos conviene ser conscientes de que, lo que ahora es un ruidito, los próximos años va a ser un terremoto. Si no es que lo es ya. Y para conseguir esa concienciación, mejor que hacer sofisticadas explicaciones científicas sobre datasets o espacios latentes, es encender la cámara y mostrar cómo puedes convertirte en alguien de otra raza, de otro sexo, alguien famoso. O escribir una fantasía y verla cobrar vida ante tus ojos en tiempo real, como imagen. Porque, a veces, no hay nada como recibir una buena bofetada de realidad – en este caso, de realidad tecnológica. A lo mejor así aprovechamos las oportunidades. O quizá solo evitemos los peligros. Pero al menos, que estemos orientados… ¿en la dirección correcta? Ni siquiera eso: simplemente, en el sentido de la marcha. Lo que ya es, guste o no.

Así y todo, me consta que mucha gente solo hará que enrocarse todavía más en sus posiciones inmovilistas y a menudo hasta reaccionarias. Personas que, como digo yo, supongo que se pensaban que la evolución del mundo se paró cuando ellos nacieron, y que ya todo seguiría igual para siempre. ¿Cavernas? ¿Romanos? ¿Edad Media? ¿Guerras Mundiales? ¿Antibióticos, motor de combustión, energía atómica? ¿Microcomputación, Internet? Sí, bueno todo eso estuvo muy bien, pero ya está. Desde ahora, viviremos en el siglo XX para siempre.

No os negaré que, teniendo ya una edad, a veces me sorprendo a mí mismo cayendo en alguna de estas actitudes en otros temas. Olvidando que, como sabiamente dice Billy Joel en esta mítica canción, el «fuego» ya ardía antes de llegar nosotros y lo seguirá haciendo cuando ya no estemos. En esos momentos, puedo llegar a empatizar con quienes quieren darle la espalda a «lo inexorable«, como muy bien explicaba Iker Jiménez no hace mucho en sus reflexiones semanales.

No sé si a medio o largo plazo, Krea.ai será una plataforma útil. Ni siquiera sé si lo es a fecha de hoy, pues para generar imágenes prefiero Midjourney y, por ahora, no tengo necesidad de convertirme en Elon Musk como en el vídeo. Pero si ver ese despliegue de tecnología y locura visual sirve para que alguien despierte de la siesta y entienda que nada volverá a ser lo mismo (porque nunca lo fue – la única constante es el cambio), entonces el vídeo habrá cumplido su misión.

O quizá yo esté equivocado, y sea factible, y hasta deseable, revolverse como gato panza arriba. Que paren máquinas de una vez y se acabe cuanto antes con toda esta «tontuna» artificial. Y que la bola de nieve, por grande que se haga, nunca nos arrolle – al contrario, que se derrita al calor de nuestra más enérgica repulsa.

¿Vosotros qué pensáis?

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