Buenos días. Aunque versionada posteriormente por otros cantantes, «True Colors» fue grabada originalmente por Cyndi Lauper y publicada en agosto de 1986 – pronto se cumplirán cuatro décadas.
El título significa, literalmente, «colores auténticos», aunque, en realidad, se trata de una expresión idiomática que viene a significar algo así como tu verdadera naturaleza, tu «yo» genuino. También se usa en algunos contextos con el mismo sentido, pero para señalar que alguien ha mostrado su verdadera cara, que ha delatado unas intenciones que ocultaba. Me encanta esa expresión y el juego que da.
Me viene esta canción a la cabeza porque el otro día, en el vídeo sobre el nuevo «vectorscopio» incorporado en Camera Raw, alguien me comentó lo siguiente:
Reto para un vídeo: ¿cómo revelarías una imagen si fueras daltónico?
Efectivamente, en el vídeo mencioné de pasada que herramientas como el vectorscopio pueden ser útiles para personas con algún tipo de deficiencia en la percepción del color. Y sí, incluso me atrevería a sugerir ideas para identificar colores «a ciegas», como la herramienta de ajuste de destino (la que se encuentra en el Mezclador de colores) o los valores numéricos que se muestran sobre el histograma, aunque quizá el vectorscopio sea la más útil.
El caso es que sí, un vídeo sobre el tema podría ser interesante. No solo interesante: útil, dado que se estima que un 8% de los hombres padecen algún tipo de deficiencia en la percepción del color (en las mujeres es mucho menor, un 0,5%). Pero ese vídeo lo tendría que hacer alguien con una de esas afectaciones, o al menos así lo siento; se me haría extraño, como mínimo, explicarle a alguien cómo diferenciar rojo y verde con tretas que yo nunca he usado ni usaré, y cuya utilidad soy incapaz de valorar objetivamente dado que siempre estaré contaminado por mi percepción «estándar».
Sin embargo, la pregunta me hizo plantearme algo más profundo: si yo tuviera una de esas alteraciones, ¿editaría mis fotos de acuerdo con mi percepción, o de acuerdo a la percepción considerada «normal» en un sentido estadístico? En un contexto profesional, obviamente optaría por lo segundo: si eres fotógrafo de boda y luego entregas las fotos con tonos de piel extraños, da igual que tú las veas bien, porque estás dando un servicio donde lo que cuenta es la percepción o gustos del cliente final. Pero, si hablamos de la fotografía como afición, como algo personal, ¿qué haríais vosotros? ¿Cuáles serían vuestros «true colors«? ¿Literalmente, los colores verdaderos, «correctos», o vuestra forma de ver, «auténtica»?
Casualmente, hace nada vi este vídeo de Brian Matiash sobre estas actualizaciones, entre ellas la del vectorscopio. Brian es un viejo conocido del sector que desde hace ya unos años trabaja como ingeniero de calidad de software del equipo de Lightroom (Adobe). En dicho vídeo, menciona que él mismo sufre una deficiencia en la percepción de ciertos colores, particularmente en el eje rojo-verde, que le dificulta diferenciar ciertos tonos. Y para ilustrar las dificultades que esto le supone, muestra una foto de un anochecer donde se distingue una aurora sobre el horizonte, coronando lo que parece una franja de contaminación lumínica anaranjada. Según comenta Brian, cuando editaba la foto era incapaz de identificar los dos tonos correctamente; como mucho, percibe una diferencia de luminosidad entre ambas zonas, pero no de color. Ahora, con el vectorscopio, se vuelve más sencillo identificar qué colores se encuentran en la imagen y a qué área corresponde cada rango de tonalidades.
Por supuesto, si la foto original ha quedado bien y la dejas tal cual, no habría mucho problema, pues al fin y al cabo, la percepción que tuvieras de la escena original se verá reproducida en el monitor. Todo el mundo, tenga el tipo de percepción que tenga, verá «lo que había». La complicación surge si, por dominantes de color, problemas de exposición o causas similares, los tonos de la foto no se ven bien. O se ven bien, pero queremos intensificar algún tono, levantar sombras o, en el caso de la foto de Brian, quizá forzar más la separación/contraste entre esos dos tonos del horizonte.
Aquí es donde surgen los problemas para personas con este tipo de alteraciones, ya que se corren principalmente dos riesgos: que al editar un color que sí distinguen, estén arrastrando sin darse cuenta tonos contiguos que no detectan, o que por falta de sensibilidad a ciertos tonos, fuercen mucho los ajustes (igual que alguien que no oye bien sube más el volumen) y con ello creen ediciones que para otras personas resulten muy exageradas.
Sin embargo, el ejemplo de la aurora me parece muy oportuno porque, precisamente en fotos de auroras y astrofotografía, se suelen crear versiones editadas que se alejan bastante de la percepción que tendríamos en persona (con daltonismo o sin él). Existe todo un abanico de técnicas para sacar a la superficie la intrigante belleza del universo y, de hecho, una queja bastante común entre quienes van a excursiones nórdicas para ver auroras boreales es descubrir que, a simple vista, son mucho menos espectaculares que en las fotografías. Obviamente, en esto que planteo hay una diferencia: con una percepción sin afectaciones de este tipo, el propio fotógrafo/editor «disfruta» del resultado de esas ediciones, mientras que en el caso de no ver bien los colores, aplicas una edición u otra pensando en cómo otros verán lo que tú no aprecias.
Pero sirve para recordar que, al final, ninguna percepción es «la correcta». Existen muchos aspectos de la realidad que ninguno de nosotros percibimos, como radiaciones, longitudes de onda o frecuencias que escapan a nuestros sentidos, y no por ello las haríamos visibles en nuestras imágenes. La fotografía digital no es “la realidad metida en una caja”. Es una reconstrucción basada en supuestos sobre cómo funciona la visión humana promedio.
¿Qué ocurre, entonces, cuando tu visión, siendo en el fondo tan válida como cualquier otra, comete el «pecado» de no encajar en ese estándar poblacional? ¿Pasas de todo, o intentas adaptarte?
Aunque no creo que haya una sola respuesta, tras pensarlo llego a la conclusión de que sí tiene sentido editar pensando en lo que verán «los demás». Porque la fotografía es también una forma de comunicación, al menos en la medida en que nuestras fotos son vistas por otras personas. Y para que esa comunicación sea exitosa y no una fuente de frustración, es necesario usar un lenguaje común, unos códigos compartidos. Desde ese punto de vista, tratar de amoldar la foto a esa percepción común sí tiene sentido y no creo que suponga un menoscabo o renuncia a tus características propias. Es decir, no creo que absolutamente siempre haya que «pasar por el tubo» de lo socialmente estipulado solo por estar en minoría, pero también hay que tener el buen juicio de entender cuándo es posible compatibilizar tu forma de ver las cosas (nunca mejor dicho) con la de los demás.
Por supuesto, se podrían explorar más ramificaciones y darle más vueltas a las vías que se abren solo con las pocas preguntas que he planteado aquí. Cuanto más pienso en la imagen y en la fotografía, más me sorprende la capacidad que tiene para cuestionar el concepto de «realidad», para plantearnos preguntas que de otro modo quizá no nos surgirían y, finalmente, analizarnos y comprendernos mejor a nosotros mismos. Para decidir cuáles son los «true colors» por los que queremos regir nuestra forma de mirar y, si me apuráis, hasta de vivir y relacionarnos.
Os preguntaría qué opináis vosotros, pero tras esta disertación, posiblemente la mayoría estáis ya fritos o directamente os perdí con la canción de Cyndi Lauper del principio, que luego os llevó a la versión de Phil Collins y a partir de ahí, a saber dónde paráis en los procelosos mares de YouTube.
Que tengáis un feliz y colorido jueves, cada uno en función del cristal con que vea (o mire) el mundo. Yo voy a ver si termino el vídeo de novedades de Lightroom Classic, que está dando más guerra de lo que yo mismo anticipé. [Actualizo: ¡ya está listo aquí dicho vídeo de LrC!]

