Icono del sitio Carlos A. Oliveras

El misterioso caso de la cámara que funcionaba perfectamente

Sigo en mi línea de reciclar relatos antiguos, en este caso con una historieta surrealista que nació como parodia de las neuras que llegan a darnos por leer en foros y similares: al final parece que uno no se va a quedar tranquilo hasta que encuentre un fallo.

Un hombre joven, ya maduro, casi anciano, entra decidido en una tienda de fotografía con una caja debajo del brazo. Detrás del mostrador, un empleado se dispone a atenderle.

– Buenos días, caballero. ¿En qué puedo desatenderle?

– Buenas tardes. Verá, yo venía a hacer un cambio… de esta cámara que compré hace 4 días y 2 noches, aquí tiene el ticket…

– Oh, una Canikon último modelo… ¿Qué le ocurre?

– ¿A la cámara? Pues nada en absoluto. Funciona perfectamente.

El dependiente se queda como congelado por un momento y, a continuación, ríe cordialmente, como si le tomasen el pelo.

– Debe de haber algún tipo de error, apreciado cliente. En esta tienda no vendemos cámaras que funcionen perfectamente, como podrá suponer. Nuestra reputación nos precede, busque en Internet si no me cree: no encontrará ni un cliente que haya comprado una cámara en buen estado en este comercio.

– Pues pruébela usted mismo si está tan seguro, genio. De acuerdo, al principio pensaba que era cosa mía por empezar a usarla sin leerme el manual de instrucciones, porque como un amigo ya me había contado el final, el argumento no tenía emoción. Pero visto lo visto, al final me lo he machacado enterito y ahora puedo decir con seguridad que esta cámara no tiene ni un solo fallo.

– Insisto, señor. Eso no es posible. Dele otra leidita al manual, revise las funciones más raras y haga fotos en las condiciones más improbables, y verá qué rápido le encuentra fallos. Y, a malas, métase en algún foro de fotografía: de ahí no sale vivo, se lo garantizo.

– Mire, intento ser amable pero usted está agotando mi paciencia. Ya me he leído el manual 3 veces y estoy registrado en todos los foros habidos y por haber. Pero nada, el sensor está limpio como una patena, el fotómetro es que las clava, el objetivo enfoca como un rayo, las fotos salen con una nitidez cortante… ¡La dichosa cámara está perfecta! Así que ya me la está cambiando, que me esperan para merendar.

Los casos de cámaras en buen estado de funcionamiento han aumentado espectacularmente durante 2012. El dato resulta inquietante.

El dependiente, viendo que la cosa parece ir en serio, se pone unas gafas sin cristales y observa la cámara atentamente – luego la enciende, mira por el visor, hace un par de fotos y las examina en la pantalla posterior. Parece dudar, y mientras gira el dial de modos con la oreja pegada a la rueda, como si estuviera intentando abrir una caja fuerte, pregunta:

– Mmmh… ¿y la tapa de la batería, la ha mirado? ¿No tiene ni que sea una holgura? ¿No le chirría, ni le da portazo cuando se levanta viento?

– Nada de nada, la tapa está bien, las baterías me duran hasta aburrir, la tarjeta CF sin defecto alguno… Por favor, ¿no ve que ni siquiera hay un triste pixel muerto en el LCD?

– ¿Que no hay ni un pixel muerto? Bueno, no esté tan seguro de eso. Si me da un momento, pido que me traigan el periódico de mañana y busco en las necro-ilógicas. No sería el primero que se le muere un pixel, y se tiene que enterar por los diarios.

– No se moleste que ya lo he mirado yo. Nada, todos gozan de una salud envidiable, los malditos.

El dependiente hace una mueca a medio camino entre el asco y la extrañeza -luego sigue probando la cámara y pone cara de no entender nada mientras la olfatea como un sabueso.

– Pues sí que es raro. Tiene usted razón, es que no le veo ni que sea un hilo deshilachado en la correa…

– Ya se lo he dicho. Pues bueno, cámbiemela por una que no funcione, o devuélvame el dinero.

– Oh, lo siento señor, pero me temo que eso no va a ser posible. El fabricante no nos aceptaría esta devolución.

– ¿Cómo que no? ¿Por qué?

– ¿Cómo que por qué no? ¿Y usted dice que se conecta a Internet y lee los foros? No sé si lo sabe, amigo, pero Canikon no ha fabricado una sola unidad de cámara que funcione perfectamente en los últimos 20 años. Si yo se la devuelvo al mayorista porque funciona bien, me dirán que esto ha sido usted, que le habrá arreglado los fallos, y eso no lo cubre la garantía de devolución.

– ¿Que yo la he arreglado? Bueno, esto ya es ofensivo… ¿Me toma por un novato, o qué? Tengo en mi haber un largo historial de cámaras con defectos de todo tipo. Sé de qué va esto de la fotografía.

– No digo que lo haya hecho aposta. Pero lo mismo con la ilusión de estrenar cámara, le ha hecho algún apaño y la ha dejado en forma. ¿No le habrá actualizado el firmware?

– Por supuesto, pero me aseguré de quitarle la batería y el cable de golpe justo en mitad del proceso, cuando decía lo de «No apague la cámara ni extraiga el cable o la batería».

 

Cámara que jura por sus muertos estar tirando a F/0.0. ¿Fenómeno paranormal, parapente o pararrayos? Lo sabremos después de la publicidad.

– Pues solo se me ocurre que haya tenido mala suerte y le haya tocado una cámara de una partida que han salido bien. De hecho, creo que tengo por ahí una lista de números de serie de cámaras que funcionan… -el dependiente empieza a remover papeles, pero no encuentra lo que busca, así que lo deja estar- Mire, da igual, en todo caso, yo de usted la llevaría al servicio técnico y que se la estropeen allá. Estamos en año bisiesto, así que la máquina está en garantía.

– ¿Llevarla al SAT? Ni hablar. Yo he pagado por una cámara defectuosa, no por una cámara nueva que tenga que llevar al servicio técnico. Además, un defecto del servicio técnico no es como uno que te sale de fábrica. No digo que no trabajen bien, pero por favor, no tienen el instrumental adecuado para averiar una electrónica tan sofisticada. Sería la típica cámara que cada dos por tres te funciona bien, por no hablar de que me quedo sin cámara mientras la estropean.

– Bueno, esto es un cuerpo profesional. Le proporcionarían una cámara averiada de sustitución mientras tanto.

– Que no. Ni servicio técnico ni pamplinas, ¡deme una solución!

– Buff… Es que me pone usted en un aprieto. Pero mírelo por el lado bueno, puede ir por ahí y hacer fotos.

– ¿Usted se cree que me he comprado la cámara para hacer fotos? ¿Es que me ha visto cara de fotógrafo, o qué? Llevo meses viendo lo bien que se lo pasa la gente con sus backfocus, sus frontfocus, sus limpiezas de sensor, sus pruebas de enfoque que siempre les salen mal, sus fotos a ISO 100 con ruido… y ahora que por fin podía aportar también los defectos de mi cámara, ¿me voy a ir por ahí a hacer fotos mientras ellos se lo pasan pipa? ¿¡¿Me quiere usted decir qué narices hago yo con una cámara que funciona perfectamente?!?

– Si yo le entiendo, pero entiéndame a mí también, no puedo quedarme una cámara que funciona y vendérsela a otro cliente. Estaríamos en las mismas. Además, fíjese cómo me la trae, limpia, con todos los manuales, sus plásticos… parece nueva. ¡Pero si hasta la bolsita antihumedad está más seca que cuando salió de la tienda! No, no señor, lo siento mucho pero yo ya no puedo vender esto como usado, y mucho menos como defectuoso.

– ¿Que la traigo como nueva, dice? No será por mi culpa: he dejado la cámara en live view tanto rato, que luego pude hacer un huevo frito aprovechando la temperatura del sensor. He usado el objetivo como cenicero y para amasar creps en plan rodillo. He enfocado en manual con el objetivo en autofocus, ahí forzando el motor que hacía un ruido como de Robocop quedándose sin pilas. Y ya lo ve, la cámara sigue impecable. Es más: con cada perrería que le hacía, la cámara quedaba mejor que antes. Reconózcalo ya, hombre, esta cámara está perfecta y punto, deme otra o estropéela, y si no ya me está trayendo el libro de reclamaciones.

– Tranquilícese, hombre. A ver, me pone usted en un compromiso, pero… si tan apurado se ve… Buff, es que esto no lo he hecho nunca, pero… sí… el vendedor observa con atención la cámara, como dándole vueltas a alguna idea descabellada mientras la estudia Mire amigo, la situación es seria. Lo bastante seria.

No es de extrañar que la gente no quiera leerse los manuales: son un poco aburridos y, por lo general, de argumento muy previsible. A fecha de hoy, ninguno ha ganado un premio Planeta, aunque están estudiando llevar al cine una adaptación del manual de la Canon 450D, con pequeños cambios en su argumento, como explosiones a mansalva, unas cuantas titis con poca ropa y una conspiración judeomasónica para acabar con el mundo. Luego vendrán los puristas y dirán que no han respetado el espíritu de la obra original… ¡bah! ¡Aguafiestas!

El comprador sale repentinamente de su enfado y, con un brillo de esperanza en la mirada, replica:

– ¿Lo bastante seria para qué?

El vendedor frunce los labios y, con una mezcla de recelo, solemnidad y distanciamiento, contesta casi en voz baja:

– Digamos que podría descalibrarle la junta de la culata de la cámara.

– ¿La cámara tiene junta? De hecho, ¿tiene culata?

– En realidad no, tendría que ponérsela a mano y luego descalibrársela. Es un proceso muy laborioso, tengo el instrumental y la alineación astral ahora mismo es la adecuada, pero claro, ya casi es hora de cerrar, y luego aún me faltará descuadrar la caja…

– ¿Cuánto tardaría?

– En circunstancias normales, entre 60 minutos y 1 hora. Pero como hoy estrenamos el horario de verano y se adelanta el reloj, puedo hacerlo al instante si me viene a las 2 de la mañana. Oh, de hecho, ¡justo ahora son las 2 am!

– ¡Qué feliz coincidencia! Rápido, señor vendedor, no hay tiempo que perder.

– ¿Está seguro? Mire que se lo haría como un favor especial, pero yo no me hago responsable si luego resulta que la cámara gana megapíxeles o la tarjeta CF duplica su capacidad.

– Le he dicho que lo haga. Si algo sale bien, yo me hago irresponsable.

El dependiente duda por un instante, luego asiente con la cabeza, se pone muy serio, y saca un martillo dorado de debajo del mostrador.

– De acuerdo. Como usted quiera. Voy a descalibrarle la junta de la culata de la cámara aunque sea lo último que haga en esta perra vida.

El dependiente sujeta el martillo con firmeza, respira hondo dos veces y de pronto, golpea la cámara, el objetivo y la cabeza del cliente mientras pronuncia la siguiente frase:

– ¡Sota , caballo y rey! ¡Toma castaña!

– ¡Ay! ¡Pero por qué me da un martillazo a mí, pedazo de cafre!

– Bueno, ya sabe lo que se dice: las fotos no las hace la cámara, las hace el camarero. Así que algo de culpa debe de llevar usted también si le salen perfectas. Tenía que asegurarme. Bueno tenga, pruebe ahora la cámara y el objetivo.

Para tener vidas infinitas hay que pulsar izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, ¡un, dos, tres!

El cliente, ansioso, toma la cámara en sus manos y mira por el visor, hace un par de fotos, toca algunos controles, y hace un par de fotos más. Parece realmente excitado.

– ¡Genial! ¡Creo que el sensor tiene una grieta! ¡O moho! ¡O una grieta con moho! ¡Y esto tiene un frontfocus galopante! Mire, le estoy enfocando a usted, ¡¡pero el anillo de distancias señala «Cuenca»!! La bayoneta se ha deformado, el flash no se levanta… y por el histograma, se ve claramente que se ha perdido todo el detalle en los rojos. ¡Y el canal verde de todas las fotos traza el perfil de la cara de Marujita Díaz! ¡Por fin! ¡Una cámara defectuosa! ¡Ya soy uno más! ¡Sí!

El dependiente, agotado por el esfuerzo, se seca el sudor de la frente con las bolsitas anti-humedad.

– Confieso que los tenía por corbata, no fuera a convertírsela en full frame. Pero por un cliente, lo que sea. Bueno, y ahora que está resuelto, dime una cosa, pillín… ¿A que sí que la arreglaste tú?

– Bueno… de acuerdo, le mentí un poquito. Le hice algún que otro microajuste de enfoque… una sopladita con la pera por aquí, una configuración personalizada por allá… Y ya puestos, la abrí y le hice un par de microsoldaduras para puentear circuitos defectuosos. Pero no me lo tenga en cuenta, ¡fue sin querer!

– ¡Ah, pícaro granujilla! Ya me parecía a mí. Pero no le culpo, yo tuve el modelo anterior de esta cámara, y hasta que no conseguí que subexpusiera, aquello fue un sinvivir.

– ¡Qué me va a contar! ¿Se acuerda de aquel caso que hubo en Valladolid el año pasado? ¿El de una cámara que enfocaba bien?

– ¡Cómo no me voy a acordar! Salió en Cuarto Milenio.

– Pues era mía. Que conste que la cámara tenía otros fallos, pero enfocar, enfocaba de muerte. Imagínese lo que fue aquello. Todo el mundo me miraba como un bicho raro. Algunos hasta decían que «algo habría hecho» para que la cámara me enfocase. ¿Se imagina? Señalaban a mi familia por la calle. Incluso tuvimos que cambiar al crío de colegio, y eso que no tengo hijos.

– Le compadezco, créame. Ya es mala suerte. Pero ahora, pelillos a la mar, ¡y a disfrutar de la fotografía en los foros, hombre de Dios!

– ¡Ya lo creo! Ahora mismo guardo bien la cámara en la caja, y me lanzo al ciberespacio. ¡Con la cámara medio rota, voy a ser la envidia de todos! Dios le guarde, señor dependiente. ¡Dios le guarde!

– Solo espero que haya aprendido la lección. Y ahora, vaya por la sombra, señor cliente. Buenos días.

– Buenas noches.

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