Photoshop ha muerto, ¡viva Photoshop!

La idea central que a continuación desarrollaremos es que Photoshop parece abocado a reinventarse radicalmente si no quiere desaparecer, ya que su concepto está quedando superado por nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial. De hecho, ni siquiera las cámaras parecen a salvo, y ya se proponen cámaras con IA incorporada que harían mucho menos necesaria la edición posterior.

Revisaremos algunas de estas mejoras ya introducidas en Photoshop así como sus puntos débiles. Buscaremos el contrapunto de Affinity, desarrollador de un software que en su momento competía con Photoshop y que ha tomado una decisión llamativa.

Finalmente, trataremos de intuir el futuro, plantear interrogantes y esbozar respuestas, para llegar a unas conclusiones que ahora mismo están muy abiertas.

Dicho lo cual, comencemos.

La dinastía photoshopera

Como mis eruditos e ilustrados lectores bien saben, «El rey ha muerto, ¡viva el rey!«, no significa que ya no haya rey, sino -todo lo contrario- que la sucesión monárquica sigue latiendo y un nuevo ocupante asciende al trono. Se despide un reinado para, acto seguido, celebrar el comienzo del que le toma el relevo.

El reinado de Photoshop continúa, pero su corona se transforma

Estos días tengo una sensación similar con la «dinastía» de Photoshop, sumida en toda la locura de la inteligencia artificial que estamos viviendo y a duras penas digiriendo. Ayer mismo, por ejemplo, editaba la miniatura de un vídeo y tenía que realizar una tarea sencilla pero un poco engorrosa. Un prompt con Nano Banana (desde Photoshop) lo resolvió de forma impecable en apenas 10 o 15 segundos, dejándome boquiabierto por enésima vez. Más tarde ese mismo día, por la noche, editaba una foto personal, y necesitaba una selección muy difícil, tan laboriosa de realizar, que ni siquiera con mi arsenal de «inventos» photoshoperos (herramientas, canales y tretas múltiples) lo veía factible, salvo que le dedicase una cantidad de tiempo que no tenía sentido. Nada que ver con los escasos segundos que me tomó hacer clic en «Seleccionar sujeto» y observar atónito cómo cada rama, cada flor y cada detalle de lo que quería aislar había quedado impecablemente seleccionado (mucho mejor, por cierto, que con las selecciones de IA de Lightroom, suficientes en muchos casos, pero no en este).

Esto apenas son dos ejemplos de la infinidad de situaciones del mismo tipo que empezamos a vivir tímidamente hará unos 3 años, más como curiosidades que otra cosa, y que a estas alturas ya han comenzado a formar parte del flujo de trabajo cotidiano de quienes priorizan (priorizamos) el sentido práctico por encima de consideraciones más sentimentales.

En estas situaciones, que no dejan de sorprenderme, acuden a mi mente infinidad de tutoriales grabados por mí con cuyas técnicas se abordaban esas dificultades y muchas otras hasta no hace tanto. Cientos de vídeos en su día imprescindibles que, a fecha de hoy, caminan con paso firme hacia la irrelevancia: gran parte de lo que aprendí durante casi 3 décadas perderá su utilidad práctica. Tanto es así, que si tuviera que empezar de cero, dudo que valiese la pena dedicar la enorme cantidad de tiempo y esfuerzo que durante tantos años invertí para obtener esas habilidades y conseguir resultados. No solo porque existan herramientas alternativas mucho más sencillas, sino porque todo apunta a que esto no se va a quedar aquí, y que la devaluación de los métodos tradicionales va a continuar hasta que aquello de multiplicar canales, trazar con la pluma o aplicar modos de fusión avanzada sea algo así como la máquina de escribir o una balanza romana. Con la diferencia de que esos entrañables objetos al menos tienen un valor decorativo – las técnicas photoshoperas, ni eso.

Comparación del valor decorativo de estos tres elementos

IA en todas partes

Pero claro, si todo ese conocimiento ha quedado casi en fuera de juego, ¿no deberemos concluir que lo mismo ha ocurrido con la esencia de Photoshop, su filosofía, su razón de ser? ¿Esto es ahora el programa, escribir prompts, hacer clic en 2 botones y ya está? Y ya no solo es que tareas tradicionales se hayan facilitado al extremo: es que incluso podemos hacer cosas que antes no tenían cabida en una aplicación como esta y que ni siquiera concebíamos, como generar una imagen desde cero, cambiar el punto de vista o reinterpretar todo desde cero. El propio concepto de lo que es editar, de lo que se puede hacer con una imagen, ha explotado.

Como dije antes, no tengo nada en contra de que me faciliten el trabajo, al contrario, todas estas posibilidades son fascinantes. Pero es inevitable preguntarse si las cosas pueden cambiar tanto en tan poco tiempo, y seguir siendo las mismas cosas. Las redes neurales, el deep learning y otros términos antes arcanos colonizan sin pausa todas las áreas de nuestras vidas, transformándolas. Todo ha pasado tan rápido, que seguimos manejando conceptos y expectativas que han quedado caducos; intentamos, por inercia, definir y contemplar estos avances desde el mismo prisma de siempre, pero es obvio que tendremos que reinventarlo todo para que las costuras de lo antiguo no nos limiten.

¿Reinventarlo todo? ¿También la fotografía, a cuyo servicio está Photoshop, al menos por la parte que más me interesa? Sinceramente, yo pensaba que no, más allá de temas computacionales para mejorar enfoque o ruido, pero parece que también en ese frente hay novedades, intentos de llevar estos prodigios generativos al momento mismo del disparo. Esto es algo que, por un lado, encaja en lo que dije – quizá Photoshop esté dejando de tener razón de ser y estas nuevas tecnologías acaben integradas en una etapa más temprana del proceso, puenteando la fase de edición. Esto tampoco acabo de verlo claro ya que antes que una cuestión de flujo de trabajo, es una cuestión de qué nivel de realismo, de carácter documental, esperas de una fotografía. «La realidad importa«, dirán unos. «La realidad está sobrevalorada«, dirán otros.

Por eso mismo quería que echásemos un vistazo a lo que se cuece en este terreno, ni que sea una muestra. ¿Os suena la cámara «Caira», evolución de su versión anterior «Alice»? Aún no se ha lanzado oficialmente, pero ya existen prototipos que algunos youtubers como Tony Northrup o Emily de Micro four nerds han mostrado en sus canales. Se trata de una propuesta que, de generalizarse, podría casi «librarnos» de Photoshop, pero también colocarnos en una de esas pendientes resbaladizas donde cualquier paso en falso puede hacer que te deslices hasta lugares que quizá no pensabas visitar. ¿Espeluznante o prometedor? Hablemos un poco de ello antes de seguir considerando si Photoshop seguirá teniendo sentido, aunque sea bajo una identidad redibujada.

Tony nos muestra la cámara Caira, adosada a un iPhone

Caira, ¿el fin de la fotografía?

Caira, sucesora de la cámara «Alice» es un artefacto fotográfico con sensor cuatro tercios que se «adosa» a un móvil. Esta relación que a simple vista se antoja parasitaria, incluso algo evocadora del abrazacaras de Alien, en realidad deviene simbiótica: el artilugio fotográfico hace la foto y la transfiere al móvil, que actúa así como pantalla y mediador en sus procesos, incluida la interpretación de los prompts. Un momento, ¿qué prompts? Ah, sí, olvidaba este pequeño detalle: tras hacer la foto, es posible teclear o simplemente dictar qué modificación queremos aplicarle: cambiar colores, eliminar gente, convertir el día en noche. En unos segundos y, por supuesto, sin Photoshop, tenemos el resultado. Y todo por una módica cuota mensual de unos 7 $ para la parte de IA – menos que el plan de fotografía de Adobe, por no hablar del ahorro en cursos y en tiempo. De hecho, un par de toques más en la pantalla, y ya tenemos la foto compartida en Instagram y otras redes sociales.

¿Podemos considerar que esto sigue siendo fotografía? Tony Northrup, tras eliminar a 28 personas de una foto y convertirla en una escena nocturna, todo a golpe de prompt, lo tiene claro: por supuesto que sí que lo es, porque el resultado sigue estando basado en la imagen original y total, es lo que hacíamos con Photoshop. No sé si realmente es eso lo que piensa – este astuto youtuber sabe muy bien cómo multiplicar las interacciones en sus vídeos. Y, una vez más, lo ha conseguido: en los comentarios, las reacciones son airadas y componen una imagen donde la paleta de tonos se mueve entre el descontento y la frustración, cuando no el agravio.

Tampoco son de extrañar estas reacciones – las posiciones más vehementes y reaccionarias suelen corresponder a los detractores de la IA, las suscripciones y, en general, cualquier cosa que huela demasiado a modernidad. Y Caira reúne todas esas cualidades (o defectos, según para quién). Pero, ¿les quita esto razón a quienes abominan de esta clase de artilugios? ¿Realmente hay que aplicar la IA indiscriminadamente a todo? ¿Es este el futuro de la fotografía, si es que esto es fotografía, como defiende Tony? De hecho, llegados a este punto, cabe preguntarse si no se podría hacer lo mismo con la cámara del teléfono y una app, sin ningún «adosado». Mejor dicho, con tanta IA, ¿hace falta siquiera un objetivo? Puestos a inventar, que haga como la cámara Paragraphica, que con datos GPS, el parte del tiempo, información tipo StreetView y por supuesto IA, te genera la foto sin objetivo, sensor ni esas tonterías. Y ya puestos, ¿para qué salir de casa? Un clic en el mapa desde la comodidad del hogar, y que te genere la foto como si estuvieras allí.

Caballos de Troya y ventanas de Overton

Quiero pensar que nadie se tomaría en serio llevar este concepto a sus últimas consecuencias, como planteaba al final del apartado anterior. Sin embargo, combinar una cámara real (o parte de ella, en forma de módulo adosado) con inteligencia artificial desde la misma toma es más astuto, porque resulta más familiar, más fácil de aceptar. Pero, ¿será esta apariencia de cámara un mero disfraz? O peor aún, ¿un caballo de Troya? Introducir la IA bajo este aspecto de cámara fotográfica sería una jugada maestra para inocularnos con disimulo el disparo a golpe de obturador… y de «prompt«. No en vano se dice aquello de que «el mayor truco que el diablo jamás hizo fue convencer al mundo de que no existía» (frase atribuida a Baudelaire). Quien dice «diablo», dice «ia», que total, ya están esas dos letras en el nombre – será por algo, pensarán algunos. Es decir, cuanto más indistinguible sea la IA de la foto, cuanto menos pensemos en ello como algo separado, más lo normalizaremos. Y cuando queramos darnos cuenta, ya no sabremos vivir sin esas estupendas fotografías cuya única pega será que jamás existieron. Seres queridos con ropa que nunca vistieron, días nublados convertidos en radiantes mañanas, lugares turísticos sin turistas y quién sabe cuántos más atentados contra la memoria, los recuerdos… y «la realidad», sea lo que sea eso.

Obviamente, nadie te obliga a usar esas funciones: al final, este tipo de inventos tratan de aunar el potencial tecnológico de un móvil moderno (pantalla, procesamiento, conectividad, integración con nuestra identidad digital, etc.) con un sensor y óptica en condiciones, así como una ergonomía razonable. Por otro lado, la manipulación de imágenes tampoco es algo nuevo, pero requería un trabajo: tiempo y conocimientos. Si se vuelve tan accesible, cabe esperar que vaya a más, sobre todo cuando media la tentación de conseguir likes. Viendo la facilidad con que se ha naturalizado publicar fotos con filtros que quitan años y arrugas, y extirpar de la foto cualquier cosa que moleste, cada día me parece más plausible que esa «ventana de Overton» de la fotografía siga avanzando y se comience a normalizar, a considerar aceptable, que las «fotos» solo sean versiones mejoradas de cosas que hemos visto. ¿Sería eso un ultraje o simple evolución?

Cada vez más cosas parecen «aceptables» fotográficamente

¿Y dónde encajaría Photoshop en esa forma de fotografiar y procesar? En ninguna parte, salvo que se reinvente para integrar esas tecnologías y permitirnos combinar los automatismos generativos con herramientas tradicionales que afinen el resultado.

Renovarse o morir

Pero, ¿es posible reconciliar algo tan moderno con algo tan antiguo? Porque aunque pueda chocarnos, Photoshop, un término hasta ahora asociado con la modernidad, es ya un software venerable cuyos 35 años de existencia son un arma de doble filo: por un lado, su veteranía es un aval, una garantía, pero también un lastre, pues su ADN y su razón de ser se fraguaron en una era donde lo que hoy empieza a ser común, habría parecido una película de ciencia ficción. Además, tras tantos años de existencia, se han ido acumulando capas y capas de herramientas, opciones, paneles, preferencias… una complejidad diseñada para otras épocas y que parece difícil o imposible de adaptar a estos tiempos modernos donde todo se ha vuelto mucho más sencillo. ¿Cómo compatibilizar la complejidad de un software de ese calibre con la sencillez de uso de una indicación de texto o un botón mágico? ¿Es siquiera posible, o la brecha que lo separa de Caira y otros inventos que estén por venir es ya demasiado amplia? Nuevos dispositivos, modelos, plataformas, suscripciones de IA para todo tipo de propósitos (generar imágenes, reducir ruido, enfocar, ampliar, editar, integrar…) Demasiados frentes para que un solo programa, con un enfoque tradicional, pueda competir contra todos ellos.

Creo que la respuesta, aunque no es definitiva, la tenemos en lo que comentaba justo al principio: cómo ya estamos integrando este tipo de funciones en nuestro trabajo cotidiano con Photoshop. Porque mientras los detractores de Adobe anticipaban día sí y día también la inminente caída del gigante de California (a raíz de estos progresos que lo dejan como algo superado), algo más ocurría: los desarrolladores de Adobe seguían trabajando para adaptarse a estos cambios tecnológicos, enfrentándose en esta ocasión al mayor reto en sus 35 años de historia: que todo cambie para que nada cambie, que Photoshop muera para que Photoshop viva. Porque si Photoshop sobrevive a este envite, no será aferrándose al tampón de clonar, el borrador mágico o el mezclador de canales como ha hecho toda la vida. En esta etapa tendrá que redefinir su esencia y nosotros, como usuarios, igualmente tendremos que inventar nuevas formas de trabajar e incluso de concebir qué se puede hacer con una imagen y, lo más difícil, qué queremos hacer o hasta dónde estamos dispuestos a llegar.

Photoshop se enfrenta a una transformación complicada

Una mención a Camera Raw

Aunque mi propósito aquí es analizar los desafíos del presente y del futuro, creo que, en este contexto, y más considerando la orientación fotográfica que quiero darle al tema, es imprescindible mencionar que Photoshop ya viene tocado por otro «golpe» en su identidad, en este caso propiciado por factores internos: en épocas recientes, Camera Raw/Lightroom Classic han «canibalizado» a Photoshop en la mayoría de tareas de edición de fotos. El motor de edición común entre ambos (ACR/LR) se ha vuelto mucho más capaz los últimos años: tareas que antes era habitual realizar en Photoshop, ahora se pueden resolver sin salir de esos entornos especializados en revelado. Gran parte de esas mejoras tiene que ver también con la IA, aunque de forma menos intrusiva; selecciones de sujeto, de objetos, de cielo, de partes de personas, de elementos de paisaje, etc., así como el relleno generativo que, si bien no utiliza prompts, sí permite eliminar de las fotos todas esas distracciones que antiguamente requerían la intervención de herramientas de Photoshop. Incluso personas, reflejos y polvo son ahora eliminados con un clic.

Camera Raw/Lightroom Classic saqueando funciones fotográficas de Photoshop

Así Photoshop, antaño el eje central de la edición fotográfica, ha ido quedando para tareas más especializadas, y esto ya lo aleja de aquel programa que, de hecho, dio nombre a esta página y canal de youtube (cuando «Photoshop» era sinónimo de «editar foto«). Es en este contexto donde asistimos al segundo asalto, en esta ocasión de la IA, que amenaza con quitarle a Photoshop lo que todavía le quedaba.

El «nuevo» Photoshop

Así es como, reconectando con lo que comentaba al principio, hoy miro la pantalla y me doy cuenta de cómo ha cambiado el programa y mi forma de trabajar con él en apenas un par de años. Hagamos un pequeño repaso.

Selección de sujeto

Comencemos por algo que ya mencioné al principio: la selección de sujeto automática, capaz de crear selecciones increíblemente precisas y detalladas, y de paso jubilar la plétora de métodos de selección, a cual más rebuscado, que antes empleábamos. Y en menor medida, pero también potenciada por inteligencia artificial, conviene nombrar al menos la herramienta de selección de objetos. Como ya dije, Camera Raw y Lightroom también han ganado mucho en el terreno de las máscaras, pero la selección de sujeto actual de Photoshop no tiene rival, al menos por ahora.

Armonizar

«Armonizar«, de introducción reciente, nos permite ejecutar integraciones de sujetos/objetos en un entorno diferente, igualando tono e iluminación con gran precisión y ofreciendo 3 variaciones para elegir. Se trata de una tarea clásica, de esas que hacen brillar tanto las múltiples herramientas implicadas como la buena mano de quien las aplica. Puro Photoshop, al menos tal como lo entendíamos. Que algo tan laborioso, que además era casi una seña de identidad del programa, pueda ahora realizarse con un solo clic, es toda una revolución que -de nuevo- nos deja descolocados.

Quitar

Otro retoque que se ha simplificado hasta el extremo es la eliminación de distracciones de todo tipo (personas, ramas, basura, lo que fuera), ahora resueltas muy fácilmente con la herramienta Quitar. Además, esta herramienta acaba de recibir una importante mejora en Photoshop beta con el modelo 3, más preciso que el anterior (y, de nuevo, bastante mejor que las herramientas equivalentes en Camera Raw/Lightroom). Otra innovación que manda al baúl de los recuerdos tantas técnicas de clonado, algunas tremendamente entretenidas (pintar tomando muchas muestras de tonos, ajustar luminosidad y color de lo pintado, añadir ruido, desenfocar el ruido en el punto justo, ocultar partes sobrantes con una máscara, etc.).

Modelos generativos

Y por supuesto, la estrella de este espectáculo: los modelos de IA generativa que literalmente inventan escenas completas desde cero, dejando patas arriba todo lo que sabíamos. Las primeras versiones de Adobe Firefly, la IA generativa de Adobe, arrancaron algo tarde y en general se quedaban bastante cortas, lo cual llevó a que, una vez más, los peores pronósticos se cerniesen sobre la compañía, que parecía estar teniendo dificultades para integrar estas nuevas tecnologías en su producto. La comparación con los resultados de otras plataformas dejaba a Adobe en evidencia, hasta el punto de que ya parecía improbable que su software las alcanzase. Pero, ¿para que competir contra ellas pudiendo introducirlas directamente en la interfaz? Ahí tenemos Nano Banana y Flux Kontext Pro como modelos ya integrados en Photoshop. E incluso así, Adobe acaba de presentar Firefly 5, donde por fin podemos dar no solo descripciones, sino auténticas indicaciones de edición que generan imágenes de 4 megapíxeles. Lo poco que he probado me ha sorprendido, si es que aún me queda algún margen para sorprenderme.

Ampliación de imágenes

Este es otro apartado donde, parecido a lo que pasó con Firefly, la reciente «Ampliación de escala generativa» de Photoshop flojeaba bastante, y poco podía hacer contra opciones mucho más potentes y establecidas como Gigapixel. Hasta que llegó el reciente Photoshop 2026, donde no solo Topaz Gigapixel, si no también las funciones Sharpen y Denoise han pasado a estar integradas en los menús. Además, ahora que Topaz ofrece sus productos bajo un modelo de suscripción, la posibilidad de hacer un uso puntual de su tecnología desde Photoshop, sin encadenarnos con otro pago mensual por separado, resulta aún más atractiva.

El desembarco de la IA en Photoshop

¿Quedará Photoshop como «El Corte Inglés» de la IA?

De todo lo comentado, resulta especialmente llamativa la integración de modelos de terceros en la propia aplicación, lo cual parece confirmar que Adobe ha asumido la tesis de fondo que estamos considerando: para sobrevivir en esta nueva era, la identidad de Photoshop tendrá que cambiar mucho, incluso dar un paso atrás. Adaptarse a este cambio de paradigma implica compatibilizar todas estas novedades con sus herramientas tradicionales, que dejarían de ser las joyas de la corona para convertirse, con suerte, en una especie de actores secundarios de esta película futurista.

En la misma dirección apunta este artículo de dpreview donde se comenta el Adobe Max de este año 2025. Parece que la estrategia de Adobe, según describen, es convertirse en algo así como la «central» de tecnologías de IA. Han entendido que no van a poderle plantar cara a tantas plataformas y servicios, así que están optando por integrarlas en sus programas como la forma más simple y barata de utilizarlas mediante su sistema de créditos. De este modo, nos pueden vender su nube creativa como alternativa a la contratación de múltiples suscripciones independientes para servicios que quizá solo queramos usar puntualmente. Photoshop podría terminar como una especie de agregador de IAs cuyas herramientas vendrían a ser algo accesorio, incluso opcional.

Pero la amenaza es real, y ya sabéis lo que dicen: si no puedes con tu enemigo…

¿Se convertirá Photoshop en una especie de «bazar de la IA»?

Photoshop en crisis

Sin embargo, Photoshop todavía no ha salido de esta: no está tan claro que lo de «unirse al enemigo» y convertirse en los grandes almacenes de la IA tenga un final feliz. De momento, el programa está en crisis, esa incómoda fase de las cosas donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Y no está del todo claro, como repetiré en las conclusiones finales, si Photoshop acabará estando más en lo que muere o en lo que nace, si bien esta fricción entre pasado y futuro no es exclusiva de Photoshop: creo que la estamos viviendo, o la vamos a vivir, a gran escala conforme todos los avances de la inteligencia artificial vayan llegando a la sociedad y a la vida cotidiana.

Esta fase de transición implica disfrutar de avances, pero también sufrir carencias, algo que hasta ahora solo he mencionado de pasada, en parte porque pienso que son cosas que se irán resolviendo. Pero no por ello podemos ignorarlas. Repasemos, por tanto, algunos de estos puntos débiles.

Luces, pero también sombras

Comenzando por lo más criticado y evidente tenemos el hecho de que las generaciones siguen teniendo una resolución muy pobre. Esto se pone más o menos de manifiesto según el caso, y se puede mitigar, al menos en parte, con otras IAs como las de Topaz Labs y similares, que permiten ampliar con la menor pérdida de calidad posible, o mejorar la definición sobre el nivel de detalle existente. Sin embargo, es obvio que estas tecnologías están lejos de cubrir necesidades profesionales donde el resultado final se equipare, en términos de calidad y dimensiones, a una imagen obtenida y editada por medios tradicionales.

Otro asunto más problemático de lo que pueda parecer a primera vista es la censura que aplican estos modelos: si consideran que algo no cumple las normas, se niegan a funcionar. En principio uno puede pensar que esto solo afectará a quien trabaje con desnudos o similares, o a gente con intenciones deshonestas, pero nada más lejos de la realidad. En cuanto se detecta la presencia de piel humana, el riesgo aumenta exponencialmente, aunque sea el borde de una mano o la punta de la nariz. Pero no solo eso: la presencia de menores, cualquier insinuación de conflicto, referencias a temas o personajes considerados problemáticos… lo más insospechado puede disparar todas las alarmas y dejarnos con un cartel de aviso naranja en vez del resultado que tanto necesitábamos.

Esto ocurre con todos los modelos que funcionan remotamente, pero es particularmente notable en el caso de Firefly, cuyas restricciones lo vuelven inoperativo en algunos casos. Dejando de lado la conveniencia moral de imponer ciertos límites, el caso es que, a efectos prácticos, esto rebaja mucho la fiabilidad de estos sistemas, lo cual provoca desconfianza a la hora de incorporarlo en entornos profesionales. No puede ser que el trabajo se pueda hacer unos días sí y otros no según el capricho de la IA de turno.

El prompt más inocente puede disparar todas las alarmas

Siguiendo con cosas que no acaban de funcionar o lo hacen a medias, tenemos el caso de los modelos de Topaz (para ampliar, reducir ruido o mejorar enfoque). Su integración ha sido toda una sorpresa, pero también hay que señalar que la potencia de Topaz Photo, Gigapixel y Bloom pierde muchos enteros si la reducimos a una mera casilla, que es ahora mismo la única interfaz presente en Photoshop para estas funciones. Recordemos que, en las versiones completas de estas aplicaciones, su interfaz ofrece diversos modelos entre los que elegir así como parámetros que afinar. En definitiva, no quiero quitarle importancia a lo que ha sido una auténtica noticia bomba, pero me parece que, ahora mismo, la integración con Topaz Labs vale más por lo que promete que por lo que ofrece.

Y hablando de créditos, no había bastante con pasar de licencia perpetua a suscripción mensual, que ahora ya vamos camino de abonar, aunque sea con esta divisa acuñada por Adobe, el importe de cada operación. Finalmente se ha cumplido (a mi pesar) lo que ya pronostiqué hace 3 años: que la IA se acabaría pagando con subidas de precios o con planes complementarios. Al final, parece que han sido ambas cosas, pues tenemos cantidades de créditos exiguas (por no decir ridículas) en los planes más comunes, y para poder siquiera acceder a características más avanzadas, hay que tener el plan «tope de gama» o contratar planes de IA adicionales. Si no, tenemos solo dos generaciones mensuales gratuitas para esas características ahora llamadas «premium». Además, la forma en que se ha implementado este sistema de «tarificación» de las funciones de IA es un tanto confuso, sin que la mayoría de la gente termine de entender exactamente qué incluye su suscripción, qué gasta créditos y cuántos, etc.

Siendo justo, hay que entender que esto tiene un coste y que no ha de ser fácil diseñar una estructura de precios/créditos que sea asequible para el usuario y financieramente sostenible para la empresa. Además, no existe un editor comparable que integre tantas funciones de IA: como ya he dicho, realmente esta transformando mi forma de editar, para bien. Y eso se paga. Pero el «ticket de entrada» a la era de la IA no está siendo tan barato como nos habría gustado.

De hecho se diría, incluso, que con todo este giro (particularmente el tema de los costes), Photoshop no solo está redefiniendo su identidad sino incluso su orientación, su cliente objetivo. Tantas limitaciones en los planes más simples, más los aumentos de precio, hacen pensar que se quiere aprovechar la entrada de todas estas tecnologías para orientar el software a un público más profesional. Una decisión desde luego impopular, pero que quizá responda más a la necesidad que a la codicia: es dudoso el negocio que se puede hacer hoy en día con las funciones más tradicionales. El gran público ya puede cubrir esas necesidades más comunes con servicios web gratuitos tipo Canva y similares, o con aplicaciones del móvil si hemos hecho las fotos con él.

En definitiva, todo lo anterior hace preguntarse hasta qué punto esta estrategia de integrar la IA funcionará, dado que como hemos visto, hay mucho que pulir en lo técnico y el mecanismo de los créditos también parece mejorable. ¿Quizá sí habría sido competitiva una opción más simple, sin tanta IA, pero a cambio, también más accesible? ¿Habría hecho mejor Adobe quedándose como estaba, como un «simple» software de edición y retoque a la antigua usanza, y dejar la IA como un tema aparte? Uno de sus competidores lo hizo – veamos el resultado antes de llegar a nuestra valoración final.

El caso de Affinity

Recientemente se produjo un interesante anuncio por parte de Affinity, que ha integrado sus 3 programas (Photo, Designer y Publisher) en una sola aplicación bautizada simplemente como Affinity. Pero no solo eso: este software, que competía contra sus homólogos adobitas, es decir, Photoshop, Illustrator e InDesign, ha pasado a ser gratuito y descargable desde Affinity.Studio. Recordemos que Canva, una plataforma de creación y diseño online (tipo Adobe Express) compró Affinity el año pasado.

Muchos han visto en esto una amenaza contra el imperio de Adobe, anunciando (otra vez) su fin. Se ha pronosticado el fin de Adobe tantas veces y con argumentos tan cuestionables, que al final uno ya no hace ni caso. Pero esta vez, al menos, los malos augurios se basan en algo cierto.

El fin de Adobe – la fantasía de sus detractores más extremos

Algo que, además de ser cierto, también parece significativo, porque que un competidor pase a ofrecer gratuitamente un producto que compite con el tuyo, siendo el tuyo de pago, sería motivo de preocupación. Pero digo «sería» en condicional. Porque a fecha de hoy, y tras lo que os he comentado, mi impresión es que Affinity Photo ya no era competencia de Photoshop, o al menos no como antes, dado que a diferencia del producto de Adobe, la integración de avances de inteligencia artificial en Affinity ha sido entre escasa y nula. Ahora, con la llegada de esta oferta gratuita, sí han aparecido estas funciones, pero como parte de un plan de pago separado, con lo que la versión sin coste queda definitivamente al margen de estas funciones. Esto es algo comprensible, pues no se puede ofrecer gratis un servicio de este tipo, pero también es algo que lo distancia, y mucho, de la posición en la que Photoshop se ha afianzado actualización tras actualización durante los últimos 3 años.

Desde mi punto de vista, lo que ha hecho Affinity con su anuncio del 30 de octubre es rendirse a la evidencia de que ya no pueden (y seguramente tampoco quieren) competir con la suite de Adobe. Desde Affinity han querido vender que lo hacen por lo mucho que aman a los creativos y por su convicción de que estas herramientas deben ser accesibles universalmente. ¿Se han dado cuenta después de 10 años cobrando por el producto? Me parece que la explicación de este cambio no se encuentra en su espíritu altruista (sin perjuicio de que realmente lo tengan), sino en el hecho de que su software empezaba a quedarse tan obsoleto como la mayoría de mis vídeos. Ante la mala perspectiva financiera que esto proyectaba, Affinity ha optado por «capitalizar» el valor que aún le quedaba a su software y ofrecerlo sin coste a cambio de que actúe como puerta de entrada a los servicios de IA generativa de Canva AI. Servicios que como ya hemos comentado, se ofrecen mediante planes de pago opcionales. Creo que, dada la situación, es una buena estrategia, pero ¿realmente no tiene ninguna implicación para Adobe?

Consecuencias para Adobe

Pensar que este movimiento de Affinity le hace un daño tremendo a Adobe sería una interpretación un tanto ingenua por los motivos ya comentados. Es más: si abrimos el plano y consideramos la totalidad de las circunstancias, creo que Affinity dejó de ser una preocupación para la suite de la «nube creativa» hace bastante tiempo. Cierto es que antiguamente le fue a la zaga, pero ya hace años que empezó a quedarse estancado. Es más: si acaso, esta noticia le confirma a Adobe que están en el buen camino: han visto como, sin IA, el software de este competidor ha perdido valor, un valor que ellos sí han sabido conservar y reinventar mediante la inclusión de todas las tecnologías antes mencionadas.

Pero cuidado – tampoco nos vayamos al extremo opuesto y pensemos que este movimiento es totalmente irrelevante para Photoshop y aplicaciones similares. De entrada, hay un segmento importante de usuarios que puede prescindir de las funciones de IA, sobre todo si eso les permite usar el software sin pagar una cuota mensual. Eso ya estaba descontado, puesto que ese perfil de usuario estaría usando Affinity desde antes (sin ser gratis, el coste era muy asumible), u otras alternativas como Photopea o Pixlr. Pero dicho esto, sí es verdad que ahora Adobe lo tendrá más difícil que antes para intentar ganar clientes en ese segmento, pues la brecha de precio se ha ensanchado. De hecho, el propio servicio de Canva se ha convertido en una alternativa que Adobe también ha tratado de contrarrestar con Adobe Express e incluso con su versión de Photoshop web. Así que lo dicho, no es una cuestión trivial, pero ni mucho menos tiene la repercusión que habría tenido hace 5 o 10 años, en la era «pre-IA». En el panorama actual, un software sin inteligencia artificial es como una tele sin TDT: tiene usos, pero te quedas fuera de muchas cosas, cada vez más.

Creative Cloud resiste frente a Affinity, pero ¿sobrevivirá a la IA?

Lo que sí debería ser preocupante para Adobe es lo que esto significa o más bien confirma en cuanto al imparable y arrollador avance de la IA: el mes pasado se llevó por delante el modelo de negocio de Affinity, imponiéndole una transformación radical, pero la cosa no terminará ahí. La «marea» de la IA sigue subiendo, complementando -algunos dirán que contaminando- todo lo que conocemos. Y por supuesto, no se va a detener en Affinity. Por eso, la cuestión que realmente debería inquietar a Adobe o a cualquier empresa del sector del software no es plantearse si ofrecer el producto gratis y cobrar por los servicios de IA, sino preguntarse hasta cuándo seguirá teniendo sentido una aplicación de escritorio para algo cada vez más disponible desde nuestros navegadores, desde nuestros móviles, e incluso desde nuestras cámaras, si lo de Caira se generaliza.

Cuando el futuro nos alcance

No tengo ni idea de cuál es la respuesta a la pregunta que planteaba al final del párrafo anterior, pero hace unos días escuché a Elon Musk decir que en 5 o 6 años, ya no existirán aplicaciones como tales, ni siquiera sistemas operativos al uso, y que todo estará basado en sistemas de IA que diseñarán soluciones para nuestras necesidades sobre la marcha, cuando se lo pidamos o incluso motu proprio, adelántandose a nuestros deseos, pues acabarán conociéndonos mejor que nosotros mismos.

¿Seguirá teniendo sentido Photoshop en ese contexto, si se cumplen esas predicciones? De hecho, como ya he apuntado en algún momento a lo largo de esta publicación, ¿podrá seguir existiendo la sociedad moderna tal como la conocemos conforme la inteligencia artificial impregne, cuando no fagocite, todo lo que hacemos? No lo sé – de hecho, el Photoshop que yo conocía, con sus técnicas alambicadas, sus procesos totalmente manuales y sus fórmulas casi mágicas de valores en píxeles, parece ahora una cosa del pasado, un recuerdo, una reliquia. Algo más muerto que vivo. Pero a la vez, Adobe ha sabido levantar nuevas paredes maestras (las funciones de IA) para apuntalar una estructura que amenazaba ruina. Funciones que, si bien asumen progresivamente el protagonismo y con ello desplazan a un segundo plano todo lo antiguo, también les dan a esas viejas herramientas un nuevo papel en este escenario, como complementos con los que afinar manualmente los resultados o abordar casos puntuales. La conexión entre ambos mundos está funcionando bastante bien: la IA hace el trabajo pesado y las herramientas tradicionales permiten obtener un acabado más cercano a lo que buscábamos.

¿Photoshop convertido en pura IA?

Pero para nada esto es una obra terminada – al contrario, lo que Adobe nos ofrece se parece más a una promoción sobre plano: esta por ver cómo se resuelven carencias como las ya mencionadas (resolución, integración de otros modelos, el lío de los créditos…) y si la identidad de Photoshop realmente resiste lo que, más que una puesta al día, es una auténtica metamorfosis, casi una suplantación. Porque, ¿es Photoshop editar fotos con texto? ¿Trabajar más con tecnología de Google o Topaz Labs que de Adobe? ¿Valorar el gasto en créditos y el acierto de un modelo de IA en vez del tiempo invertido y nuestras dotes creativas? Tal vez la auténtica pregunta sea, ¿realmente importa? Porque lo único que debería preocuparnos es saber qué queremos hacer y con qué herramientas. Lo demás son etiquetas, nostalgia y viejos hábitos.

Las respuestas a estas preguntas, incluso las preguntas mismas, parecen cambiar con cada día que pasa, por lo que a fecha de hoy, solo puedo decir una cosa con total convicción: Photoshop ha muerto, ¡viva Photoshop!

Y mañana, ya veremos.

18 comentarios

  1. Excelente artículo, te hace repensar en todo lo que a diario hacemos aquellos que nos dedicamos a la fotografía, al diseño ó a ambas.
    Por otro lado Affinity no me parece una alternativa interesante como para dejar Photoshop. Si bien pone en un solo software aplicaciones de diseño vectorial, retoque fotográfico y diseño editorial, no tiene la potencia de la suite de Adobe que, además, desde hace un tiempo nos permite compartir librerías entre aplicaciones.
    Photoshop a muerto, que viva Photoshop!!!

  2. Una cosa era el que se tuviera una gran ayuda para editar nuestras fotografías, se tenía una gran ayuda pero éramos nosotros los que hacíamos la imagen definitiva, pero el camino que lleva es el depender totalmente de la inteligencia artificial.

  3. Un excelente artículo en el cual desgranas meticulosamente el futuro de Photoshop. Siempre te estaremos agradecidos por tus buenos vídeos con todas las novedades de este programa. Saludos

  4. ¡Un artículo imprescindible!
    Amigo Carlos, una vez más he de decir lo mismo de siempre (y siempre llevo razón): es admirable la forma en la que analizas y explicas las situaciones, los métodos de trabajo, lo que sea.
    Como fotógrafo y como formador que imparte habitualmente cursos sobre fotografía, retoque e IA aplicada a la imagen (cada vez más IA que el resto), he estado asistiendo con atención necesaria a la evolución de Photoshop, especialmente en el último año. Hemos pasado de poder crear contenidos formativos por escrito para cursos (propios o de terceros), sabiendo que podíamos ofrecer rigor y calidad, a saber que si los entregamos sólo dos meses antes de que el curso se imparta, a buen seguro se estrenarán obsoletos (con la frustración y sensación de ineficacia que ello supone).
    Cada vez nos hemos dado más cuenta de la incertidumbre que teníamos delante. En los cursos más recientes dedicados sobre todo a generación de imagen y a qué poder hacer con ella, después, desde Photoshop, siempre menciono tu canal y enlazo algún vídeo, por una razones u otras. En una semana imparto un curso especialmente relevante al respecto: un curso intensivo dedicado exclusivamente a Photoshop e IA. Y además, en este orden: Photoshop primero, porque el curso está dirigido a personas que están acostumbradas al uso de Photoshop desde hace años. Como consecuencia, llevo semanas con una parte de mi «procesador mental» dedicado a reflexionar sobre cómo orientar algo tan cambiante. Pese a que ya le haya dado muchas vueltas, tu artículo me ha aportado mucha ayuda complementaria: claridad en el análisis, rigor objetivo, valoración de múltiples puntos de vista sin apasionamientos… me va a servir de mucha ayuda para el curso del próximo sábado; es la pieza extra que me ha permitido completar el puzzle. Voy a compartir este artículo con la gente del curso (la mayoría ya conocen tu canal), porque estoy seguro que les resultará de utilidad.
    Enhorabuena de verdad es un artículo magnífico Carlos. De hecho, no me aguanto hasta el próximo sábado. Voy a compartirlo ya en mis redes! Un abrazo!!

    1. Miguel Ángel, gracias por partida triple – primero, claro, por leerlo, segundo, más importante si cabe, por compartir tus impresiones, y tercero por compartirlo y darle valor. Para mí también es muy interesante ver si la gente está en sintonía o no, y además en este caso es por dos motivos: uno es el de siempre, contrastar opiniones, etc. Pero el otro es que, en este terreno, mucha gente está distraída con otras cosas (normal) y no está al corriente ni de lo que se cuece, ni de lo que se viene, por lo que también me intriga ver si la gente se está dando cuenta (aunque en un perfil como el tuyo obviamente ya lo suponía).
      De nuevo mil gracias. 🤗

  5. El artículo es excelente, Carlos. Imprescindible, como dice Miguel Angel Muñoz. Es sobre Photoshop, pero el subtexto describe la época. Se puede extrapolar a muchas otras cuestiones de estos tiempos. Un gran saludo desde Argentina.

  6. Excelente trabajo y «retrato» de la cambiante situación actual de Ps y del «mundo de la fotografía», agradecido. Como simple aficionado, queda claro que después de Nano Banana, vendrá Nano Aguacate, Nano Mango o Nano Melón para patriotas amantes de la fruta, ¡todo por la pasta! o ¡más madera! Por otra parte, los debates conceptuales suelen ser interminables, aburridos y generadores de odio eterno entre afines, personalmente a la Fotografía como arte y técnica le cambiaría el nombre por el de Bioinstantaneagrafía. No suena bien, pero acota la actividad ya que procuro no olvidar que una foto también es una instantánea de la vida real que se abre ante nuestros ojos, y eso de la Vida la IA lo lleva muy mal, ánimo y cordiales saludos Carlos.

    1. Muchas gracias Alberto por leerlo y comentar… y sí que estaría bien inventar algunos términos nuevos porque, aunque siempre será difícil hacer acotaciones, ahora mismo hay muchas cosas que no sabemos ni cómo llamar para diferenciarlas de otras. ¡»Bioinstantaneagrafía» es un principio! Un saludo.

  7. Hola Carlos, tenía una duda, que no soy capaz de resolver y seguro que es «alguna chorrada» de configuración, pero no doy «con la tecla» adecuada, asique siguiendo tus instrucciones de contacto (para no saturarte el mail), te escribo en una entrada del blog aunque el tema no tenga mucho que ver con el post inicial.

    Resulta que tengo un problema con el pincel de Photoshop y es que cuando quiero poner un pincel con borde 0% de dureza, no me sale difuso como solía salir, ahora me sale un punteado raro alrededor. Asimismo si le bajo la opacidad, sale un punteado también que se parece a un aerosol.

    He comprobado el flujo, la dispersión,, y casi todo lo que he visto en propiedades de pincel… Y no logro solucionarlo. Así estoy muy limitado porque no puedo clonar o pintar como lo hacía antes. He restablecido los pinceles y no me soluciona nada. Hice una captura de pantalla del problema, pero no tengo forma de ponerla aquí para que la puedas ver.

    Mil Gracias por tu tiempo,
    Un saludo desde tierras gallegas
    Berto Medrano

    1. Hola Berto, se me ocurre alguna cosa aunque nada definitivo, pero si quieres, prueba a «restablecer herramienta» si no lo has hecho ya. Te pongo captura de dónde está, ahora mismo lo tengo en inglés pero espero que se entienda: https://snipboard.io/rjhcFB.jpg. Podría ser que el modo de fusión de la herramienta se haya puesto en Disolver. Restablecer los pinceles no cambia eso pero restablecer la herramienta sí, pruébalo si no lo has hecho ya.

      Si no, quizá lo más fácil primero sería ver las capturas. Para ello puedes usar snipboard – la cuestión es pulsar el atajo de tu sistema operativo para capturar pantalla (en Windows es una tecla, Imprimir Pantalla, en mac no recuerdo pero hay algo equivalente), y entonces visitar la web snipboard.io. Allí pega con Ctrl+V / Cmd+V, y se pegará la captura en la web, dándote un link que luego puedes pegar aquí.
      Si ya tienes la captura guardada de antes, fíjate en la página principal de Snipboard y deberías ver que en letra más pequeña pone: «Other upload options: drag and drop image files onto this page, or pick a file from your computer.» – si haces clic en «pick a file» puedes subir la imagen que quieras.
      Intenta que se vea lo máximo posible de la interfaz y si es posible, también el panel pinceles. Puedes poner los links de varias capturas.

      Si publicas el mensaje con uno o varios enlaces, pero ves que no aparece, pon otro mensaje diciendo que has publicado los links pero no han salido, y entonces revisaré ya que aquí en el blog sí puedo «rescatar» mensajes marcados como spam (en youtube no).

      Saludos.

  8. Muchas gracias Carlos, muy interesante.

    Estoy en la particularidad de tener la versión anterior de Photoshop con el actual Camera RAW. Cuando estoy editando una foto en el revelador, ya aparece la opción de eliminar motas de polvo, pero me da un error porque faltan componentes, supongo incluidos en la ultima versión de Photoshop.

    Por un lado te tienta el ahorro de tiempo y sería ¡sorprendente!, por otro piensas ¿ya no voy a buscar las motas una a una?. Vaya dilema añadir los componentes o no… 🙂

    Pero bueno, sobrevive el que se adapta, no el que es mejor.

    ¡Saludos!

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