Archivo fotográfico y Lightroom: algunas reflexiones
Esta entrada será una mezcla de recomendaciones, valoraciones y perspectiva actual de cómo la IA puede impactar también en este terreno. Pero ya os adelanto que será algo más o menos espontáneo, primero recordando algo que ya comenté ayer en youtube, y luego recogiendo las ideas y percepciones que, casi a vuelapluma, acuden a mi mente. No esperen, por tanto, una tesis doctoral, solo un puñado de ideas. Vamos allá.
El tema de las carpetas
Ayer publiqué un post de comunidad en youtube (y un vídeo para miembros) donde hablaba de la utilidad de las carpetas como forma de organizar nuestras fotos, particularmente en el contexto de quienes usamos algún programa como Lightroom Classic.
El motivo es que, como ya expliqué, en un vídeo que vi hace poco resurgía el ya viejo argumento de «carpetas para qué, si dentro de Lightroom puedes organizarlo todo mucho mejor«. En esta entrada no quiero repetirme mucho porque como digo, ya hablé de ello y además hice un vídeo para miembros, pero el resumen es que me parece un poco arriesgado ignorar dónde colocamos las fotos, al menos por 3 motivos:
- Por más que «pasemos» de las carpetas, para importarlas tendremos que copiarlas a alguna carpeta. Importar las fotos donde caigan, quitándole toda la importancia a dónde terminen, es una invitación al caos. Y eso me parece una contradicción para quien se haya embarcado en un programa como Lightroom Classic, uno de cuyos puntos fuertes es la clasificación/organización de nuestro archivo.
- Además, tener una mínima organización en carpetas a menudo es suficiente para encontrar alguna imagen sin tener que abrir cada vez Lightroom Classic (que es un programa que tarda bastante en abrirse y responder). Obviamente, la organización por carpetas es un mecanismo organizativo bastante limitado, pero para casos donde uno más o menos ya sepa dónde buscar, ahorra mucho tiempo. A este respecto, de hecho, quiero recordaros unos vídeos que grabé hace tiempo: 10 formas de trabajar con carpetas en Lightroom Classic y 5 consejos más para trabajar con carpetas en Lightroom Classic.
- Por último, si no tenemos un criterio claro para las carpetas, la organización por fecha es seguramente el mejor criterio por defecto, ni que sea para no terminar con una única carpeta gigante. Además, si se complementa con pequeñas descripciones de texto, combinando fecha con una breve descripción, tipo «2026-06-03 Pepe García en Granada«, podemos resolver búsquedas simples sin siquiera abrir Lightroom Classic. Ni de lejos cubre los casos más complejos, pero puede resolver muchas búsquedas superficiales.
Como ya he dicho, obviamente las carpetas no son un recurso demasiado potente. Pero en el contexto de un usuario doméstico, sea profesional o no, es algo muy simple de mantener y que aporta cierta utilidad, algo así como una especie de «cimientos». Lo único que pretendo es contrarrestar esa narrativa (que no es que se escuche mucho, pero existe) según la cual deberíamos olvidarnos de las carpetas, pues creo que tenemos poco o nada a ganar y bastante a perder.

Palabras clave
En todo lo que comenté recientemente sobre este tema había hablado de carpetas y un poco de colecciones. Pero obviamente, no terminan ahí las formas de organizar: tenemos los presets de filtros, estrellas, colores, la geolocalización con datos GPS, otros campos de metadatos como los IPTC… y, cómo no, las palabras clave.
Me ha parecido interesante ampliar la entrada anterior con este tema porque me he acordado de que, casualmente, en el mismo vídeo donde se quitaba valor a la idea de usar carpetas y particularmente fechas, también se replicaba otro tipo de idea: en este caso, quitarle importancia al uso de palabras clave, un planteamiento que tampoco es nuevo.
En este caso, la «teoría» viene a decir que esto de poner palabras clave es una lata, así que mejor no hacerlo. Como argumento no es que sea una cosa muy convincente, pero encierra una parte de verdad: asignar palabras clave es una forma de organizar un poco más engorrosa que otras. Nos exige tener un criterio muy bien definido, y si luego cambiamos ese criterio sobre la marcha, hay que aplicarlo retroactivamente, siendo trabajoso poner al día toda la parte del archivo que se etiquetó de otra forma. Pero incluso así, considero que las palabras clave tienen dos ventajas muy importantes:
- Por un lado, igual que las carpetas, son algo estándar. Las jerarquías de palabras clave pueden dar problemas de interpretación entre programas, porque no todos representan igual una estructura tipo Animales > Perros > Chihuahua. Pero Lightroom Classic puede escribir esas palabras clave de forma plana o incluir la jerarquía según las opciones elegidas, de modo que al menos las etiquetas principales suelen poder viajar a otros programas.
- Al igual que las carpetas, es un sistema que nos permite etiquetar con mucha libertad. No estamos limitados a coordenadas de un sistema de geoposicionamiento concreto, o a un número de colores o estrellas, o a unos criterios limitados de colección inteligente. Con las palabras clave, literalmente podemos inventarnos códigos, referencias o lo que queramos, para adaptarlo a casos absolutamente particulares. Y, a diferencia de las carpetas, no interfiere con la estructura del disco duro o los archivos, con lo que aún tenemos menos restricciones.
Repito no obstante que esta potencia acarrea una responsabilidad organizativa mayor, porque etiquetar con palabras clave será tan útil como sistemáticos y coherentes seamos nosotros. Si en algún momento detectamos incongruencias, redundancias o cualquier defecto en nuestro «mapa» de etiquetado, hay que corregirlo para que su utilidad no se degrade.

La IA ha entrado en la sala
Esa idea de «casi que mejor pasar de las palabras clave» había pasado sin pena ni gloria hasta que empezaron a aparecer sistemas de reconocimiento vía inteligencia artificial. Esta tecnología experimentó un punto de inflexión con la presentación del llamado «CLIP» (Contrastive Language-Image Pretraining) por parte de OpenAI, aunque hay tantas ramas de desarrollo en este campo que es arriesgado trazar el origen – podría ser que Adobe o incluso Skylum (entre otros) hayan partido de versiones alternativas de la misma idea.
Sea como sea, estos sistemas, al menos los que mencionaré aquí, no generan realmente palabras clave, pero consiguen un efecto similar en cuanto a resultados de búsqueda: si busco «árbol«, obtendré qué fotos de mi biblioteca contienen un árbol, aunque no tuvieran asignada dicha palabra clave. Es como si el sistema generase una especie de «huella» (o vector, para ser más preciso) tanto para búsquedas de texto como para el contenido de imágenes, siendo capaz de evaluar el parecido de estas huellas para arrojar unos resultados.
Este mecanismo suele llamarse búsqueda inteligente, búsqueda semántica o, en las versiones más recientes, búsqueda por «lenguaje natural», ya que admite descripciones más articuladas, como «un perro que está saltando alegremente en la playa un día de verano«, en vez de enumeraciones de términos como «perro, salto, playa, verano«. Y supone una ayuda enorme a la hora de localizar fotos, particularmente en esos casos donde no hay metadatos suficientes para una búsqueda de texto tradicional.

El argumentario anti-keywords vive su segunda juventud
La llegada de esta tecnología ha resucitado (si es que alguna vez murió) esta idea de que las palabras clave son un agobio: el nuevo argumentario permite añadir que no solo no hacen falta porque son una lata, sino que además, ¿qué sentido tiene ponerlas, si la IA puede identificar el contenido de una foto por nosotros?
Antes de nada, hay que decir que, a fecha de hoy, y si hablamos del ecosistema Lightroom, este reconocimiento semántico exige el pago de un oneroso peaje: el uso de su versión «desktop», o sea, lo que a menudo llamamos «Lightroom nube«. Como ya sabréis, el uso de esta versión de Lightroom no solo implica renunciar a la mayoría de funciones y módulos de Lightroom Classic, sino que requiere almacenar nuestras fotos en la «nube» adobita (es posible trabajar con fotos locales, pero en ese caso, no dispondremos de esta tecnología de reconocimiento del contenido). Y claro, ese almacenamiento cuesta un tanto mensual en función del volumen de fotos alojadas. De todas formas, existe una solución intermedia, que es sincronizar el catálogo de LR Classic como vistas previas inteligentes, y luego usar Lightroom web para las búsquedas – yo lo veo un poco aparatoso, pero puede valer la pena considerarlo.
En el caso de Luminar Neo, en cambio, podemos usar este avance con nuestros archivos «locales» sin necesidad de hacer este tipo de piruetas, si bien por lo demás, obviamente, no tiene todas las capacidades organizativas de Lightroom Classic.

Etiquetar o no etiquetar en la era de la IA
No me interesa ahora entrar demasiado en el tema de si está disponible aquí o allá y otras consideraciones – por supuesto, es relevante, pero es algo que evoluciona cada día y que no cambia el fondo de la cuestión, pues lo que quiero preguntarme es… ¿tiene más sentido ahora la idea de que no vale la pena etiquetar con palabras clave? Porque en el momento actual, el argumento no es solo «no etiquetes», sino «deja que etiquete la IA«, y esta nueva estrategia parece mucho más aceptable: (casi) todos los beneficios, ningún esfuerzo.
¿Renunciaría yo a etiquetar con palabras clave si esta tecnología estuviera disponible en Lightroom Classic para nuestros archivos locales? La respuesta, aunque suene a broma, sería algo así como «si hay que etiquetar, se etiqueta, pero etiquetar pa ná, es tontería«, parafraseando el mítico sketch de José Mota.
Me explico: si tuviera un sistema de IA que realmente me va a permitir reconocer el contenido de la foto, creo que dejaría de poner muchas etiquetas generales tipo «escaparate«, «autopista«, «montañas«, «vacas» o «playa«. De hecho, inicialmente yo ponía muchas etiquetas de este tipo, pero con el tiempo fui reduciéndolo a etiquetar cosas que fueran lo bastante particulares, y no cosas muy corrientes.
Sin embargo, ni mucho menos mandaría al olvido el panel de palabras clave, ya que hay bastantes cosas que solo yo puedo identificar. Por ejemplo, el nombre de personas… si bien es verdad que en Lightroom Classic tenemos un sistema específico para reconocer gente que puede entrenarse con el aspecto de las personas ya etiquetadas, y casi automatizar el proceso, aunque siempre requiere cierta supervisión ya que a menudo patina si los rostros están un poco de lado o girados, con gafas de sol, etc. – aquí un vídeo al respecto de cuando esto se presentó como novedad. Otro caso sería el nombre de lugares, aunque aquí podría argumentarse que para eso ya está el campo específico de coordenadas GPS, que además es muy fácil rellenar desde el módulo Mapa.
Pero incluso así, quedan muchos casos donde no será posible reconocer automáticamente elementos que, según nuestro criterio, sí merezcan ser identificables: por ejemplo, puedo tener muchas fotos de coches que he tenido donde no sea factible identificar automáticamente el modelo concreto. O fotos de algún festival o evento. Incluso acontecimientos históricos en el caso de un archivo documental. Animales domésticos, impresos o documentos escaneados que requieran una referencia concreta, el nombre de una asignatura, un proyecto, una campaña…

Conclusiones
En definitiva, si bien la idea de vivir «de espaldas» a las carpetas y desaprovechar su posible utilidad me parece poco aconsejable, el tema de las palabras clave tiene más pros y contras que valorar. Hasta ahora, comprometerse a etiquetar correctamente todas las fotos podía ser una tarea de cierta envergadura, pero tampoco creo que eso justificase la idea de no hacerlo en absoluto, ya que era posible limitarse a etiquetar las cosas más relevantes.
Creo que la llegada de sistemas de reconocimiento «semántico» basados en IA no va a suponer un argumento extra para dejar de etiquetar, sino que al contrario, lo veo como una gran ayuda para descargarnos de la tarea del etiquetado más «común» y así poder centrarnos solo en esas etiquetas más personales que concentran el mayor valor de un sistema de palabras clave. Es decir, el etiquetado por IA, lejos de dejar obsoletas las palabras clave, puede revalorizarlas en la medida en que ahora, las etiquetas que pongamos serán aún más significativas.
Todo eso si es que decidimos usarlas, claro – al final, igual que con el tema de cómo organizar las carpetas, es cosa de cada cual valorar qué encaja mejor en su forma de organizarse y el tipo de contenidos que maneja.
Quiero terminar con la reflexión que hizo alguien allá por los años 2000 – creo que fue Scott Kelby, o bien alguno de los artífices de Lightroom Classic, tal vez Martin Evening, Bruce Fraser o Jeff Schewe. No recuerdo ni sé localizar el texto original, así que parafrasearé lo que recuerdo. La idea venía a ser que la cantidad de fotos que tienes en tu disco duro no hará sino aumentar cada día que pase, y con ello, mayor será la dificultad de localizar fotos, esas imágenes que captas como documentos, como recuerdos, como testimonio de algo que un día querrás recuperar o recordar. Si, cuando ese momento llegue, no eres capaz de encontrar la foto que buscas… quizá tengas que empezar a plantearte un buen sistema de clasificación antes de que la cosa se vuelva demasiado complicada.
La anterior reflexión la hizo alguien en los inicios de la era digital, cuando apenas comenzábamos a acumular archivos fotográficos y se hacía más difícil anticipar que, en poco tiempo, terminaríamos con una jungla de imágenes en nuestros equipos. De ahí que esta reflexión tan temprana me pareciese tan oportuna ya en aquel entonces, y más aún vista desde hoy. Quizá esa recomendación a muchos les llegará tarde ahora que esa premonición ya se ha cumplido y nuestros discos duros (y móviles) están atestados de fotografías. Incluso puede que haya quien dé por suficiente una búsqueda de este tipo (inteligente, semántica, de lenguaje natural o como se le quiera llamar), y que acepte no encontrar algunas fotos a cambio de despreocuparse. Teniendo en cuenta que si algo nos falta hoy en día, aparte de capacidad de atención, es tiempo, tampoco seré yo quien critique esa decisión.
Pero yo, hoy por hoy, sigo empeñado en tener todas las garantías posibles para poder encontrar una imagen, porque me da mucha rabia saber que tengo fotos de algo y no poder encontrarlas. Quizá llegue el día en que la IA me conozca a mí y a mi vida mejor que yo mismo. Llegado ese día, sí: me darán igual las carpetas, las palabras clave y muchas cosas más.
¡Pero hoy todavía no es ese día!

Maravilloso, Carlos.
Si por algo sigo con LR es por su capacidad organizativa, etiquetas y por su buena capacidad de reconocimiento de caras.
Muchas gracias, Luis. ¡Suscribo lo que dices! Un saludo.
Mi tipo de fotografia es primordialmente paisajes en mis salidas, y llevo desde 2005 con un sistema de carpetas por años, dentro de años la salida o viaje especifico y dentro los raw i los jpg, con los IPTC de ubicación, geolocalizacion, palabras clave…. por eso sigo sobretodo en Lightroom por el modulo mapa y por tener todo integrado, revelado, organización, IPTC. Osea que a grandes rasgos hago lo mismo que aconsejas, aunque no te conociera cuando empece 🙂
¡Sí, el módulo Mapa! Para mí la geolocalización es una gran ayuda para encontrar cosas. De hecho, originalmente yo ponía palabras clave con el nombre de la calle o confluencia de calles donde había hecho una foto, lo cual era un cacao. Desde que empecé a geoposicionar, me evité usar palabras clave para eso y la verdad, a mí al menos me ayuda un montón a localizar fotos, «triangulando» geoposicionamiento con fecha y algún dato extra.
También reconforta ver que al final muchos terminamos con una estructura similar, así que gracias por compartirlo. Un saludo y gracias por el comentario 👍