Cuando la IA nos alcance
«Cuando el destino nos alcance» es la peculiar traducción al español del título de «Soylent green«, una sombría distopía futurista. Y aunque el tema del que os hablaré es menos siniestro que el futuro retratado en esa película, me ha venido a la cabeza cierto paralelismo con esa sensación de que poco a poco, las tecnologías basadas en la inteligencia artificial van impregnando cada vez más cosas, incluido, por supuesto, todo lo relacionado con la fotografía y la edición de imágenes.
Hace tiempo que quiero grabar un vídeo tipo «balance de situación», tanto sobre circunstancias más personales o relacionadas con la perpetua crisis que se vive en YouTube, como también sobre cómo vive la gente todos estos cambios. Me pregunto qué impacto tienen estos avances en los que lleven más tiempo en la fotografía y, por otro lado, qué planteamiento tiene la gente que se incorpora justo ahora, en una era donde el concepto de fotografía se está difuminando todavía más.
[El vídeo que veis aquí encima lo he grabado con posterioridad para complementar esta entrada, es decir, primero escribí este texto, y un día después, hice este vídeo/directo y lo añadí.]
Fotografía vs IA
Planteo este tema no solo porque esté de actualidad, sino porque me consta que hay aficionados a la fotografía que, a raíz de los avances de la IA, dicen sentirse desanimados – algunos me lo habéis comentado, y lo comprendo. Retoques laboriosos que antes eran un mérito en sí mismos están perdiendo el valor y parece que hasta el sentido. Cabe decir también que cierto tipo de retoque efectista o recargado hace tiempo que -al menos a mi juicio- se ve ya un poco pasado de moda, pero es que incluso una versión atemperada de estos, más adaptada a los tiempos modernos, sufre del mismo problema: el dominio del retoque ya no te distingue, o al menos no tanto.
Por otro lado, quien busca lucir su buen hacer fotográfico desde un punto de vista puramente estético, siente -también con razón, creo- que es injusto competir con imágenes generadas con IA. Incluso me confesaba alguien hace poco que, si consiguiera una fotografía espectacular sin recurrir a herramientas generativas, posiblemente su imagen se confundiría con una creación artificial sin serlo, y que por tanto, ni así se reconocería su valor. La conclusión es la misma: ¿para qué esforzarse, para qué seguirlo intentando?

La historia se repite
Lo que está pasando ahora me recuerda en muchos aspectos lo que ocurrió con el paso a digital. Aún recuerdo cómo se lamentaban quienes, en poco tiempo, pasaron de ser maestros del cuarto oscuro a aprendices de las herramientas digitales. También esto lo entiendo: tiene que ser frustrante haber atesorado tantos conocimientos con tanto esfuerzo durante tantos años, sentirte diferenciado de los meros aprendices y lucir con orgullo esos galones, y que de pronto, llegue un vendaval que lo ponga todo patas arriba. Por un lado, los recién llegados, Photoshop mediante, obtenían resultados que rivalizaban con los suyos (atendiendo a lo puramente «efectista», a lo más inmediato y visual), y por otro, sentían haber sido enviados de vuelta a la línea de salida, pues para competir en igualdad de condiciones, tenían que aprender a usar las nuevas herramientas.
Incluso la curva de aprendizaje de la fotografía (componer, exponer, revelar…) se aplanó bestialmente. Aprender fotografía en la era de la película era mucho más complejo y laborioso que hacerlo con un sensor. En aquel entonces, no se podía ver el resultado al momento, no se tenían más datos EXIF que una libretita donde apuntar afanosamente los parámetros de cada toma y por supuesto, cada foto revelada suponía rascarte el bolsillo. Incluso lo difícil que hasta entonces era obtener este conocimiento (a menos que comprases libros y te apuntases a escuelas) se volvió infinitamente más accesible e inmediato gracias a la explosión de Internet y la aparición de comunidades online especializadas en todos los temas imaginables. Y para colmo, la reputación que algunos se habían labrado durante décadas a base de exponer, hacer contactos, publicar en papel, etc., de pronto parecía el carril lento en comparación con la popularidad instantánea que proporcionaban las redes sociales, en plena eclosión. Donde estuviera un «Explore» de Flickr (una especie de galardones que otorgaba esa plataforma, creo recordar que a razón de 500 al día), que se quitase lo demás.

Supongo que no hace falta seguir desenterrando recuerdos para ver el paralelismo: por descontado, en el detalle concreto, las circunstancias son muy diferentes, sobre todo dado que la IA es un cambio mucho más global. Pero entrecerrando los ojos, creo que es inevitable encontrar similitudes. Y, ¿qué ocurrió en aquel entonces? Creo que hubo dos grandes estrategias: los que se adaptaron y continuaron, y los que, por incapacidad o convicción, se enrocaron en su posición y ahí se quedaron.
Pero, ¿son extrapolables estas opciones al momento actual? Tengo mis dudas, porque con la tecnología del sensor digital se podía seguir practicando la fotografía de forma muy similar: cámaras, objetivos, parámetros de exposición. Quizá un formato más maleable, pero todavía con una vocación intrínsecamente documental. Las imágenes generadas por IA, en cambio, no tienen mucho que ver con esto. Quizá la edición con IA sí tenga más encaje, es decir, que podamos seguir haciendo fotos, pero delegar la edición a la IA – dentro de unos límites. Pero claro, ¿qué límites, ahora que lo maleable se ha vuelto directamente líquido? Adaptarse es una cosa, pero esto parece exigir de nosotros un cambio tan radical, que se antoja incompatible con esa esencia de lo fotográfico… salvo que redefinamos ese término. Porque al final, todo son convenciones, y lo que parecen principios firmemente establecidos, quizá no sean más que la versión fosilizada de algo que tomamos por costumbre hace mucho tiempo, algo tan arbitrario como cualquier otra idea que se pudo haber adoptado. No estoy diciendo una cosa ni la otra: solo me planteo dudas.
En este sentido, me parece muy interesante visitar el perfil de Instagram de Juan Pablo de Miguel, fotógrafo reinventado como «IÁgrafo»: algunas de sus publicaciones (mirad por ejemplo esta) permiten apreciar todo el potencial de la edición con inteligencia artificial y con ello, invitan a hacerse diversas preguntas, de las cuales quizá la fundamental sea ¿dónde poner el límite cuando ya no hay límite?
Amores pasajeros
Últimamente una persona me comentaba que, si hablamos de la fotografía como afición, es normal acabar perdiendo el interés tal como ocurre con cualquier otra cosa: esto es otro fin de ciclo para muchos y, más que adaptarse o reinventarse dentro de lo mismo, toca dedicarse a otros intereses. Algo parecido me comentó, aunque en un contexto algo diferente, otra persona hace años, naturalizando que la pasión por hacer fotos tiene fecha de caducidad.
Yo personalmente no lo creo – esa hipótesis de la pérdida de interés como algo inevitable será válida para la gente que simplemente va probando cosas. Todos lo hemos hecho y al final, nos instalamos cuando encontramos algo que nos convence, pero no me parece algo tan generalizado ahora mismo como para explicar la desafección fotográfica que se respira en algunos círculos. Además, por el mismo principio, la salida de unos se compensaría con la entrada de otros, en ausencia de otros factores que modifiquen este equilibrio.
Sí es cierto que, al aparecer las cámaras digitales, mucha gente se aficionó masivamente y esto dio pie apenas una década más tarde a cierto «desinflamiento» escalonado a lo largo de los años. Pero esa fase ya se estabilizó, así que no le atribuiría demasiado protagonismo ahora mismo. Ahora bien, podría ser que todo este panorama de la IA esté precipitando el desánimo que ya estaba «a punto de caramelo» en algunos, como cuando le das una patada al árbol y cae la fruta, no tanto por el impacto en sí, sino porque ya estaba madura. Sigo sin creer que sea así de forma generalizada, pero admito que este mecanismo podría estar jugando algún papel en todo esto.

Montajes y fantasía
Quiero por último mencionar un caso que, si bien no es mi campo de trabajo principal, sí tiene que verse afectado por las herramientas de IA. Me refiero a la creación de imagen digital, quizá con pretensiones fotorrealistas, pero no fotográficas como tales. Es decir, montajes, escenas de fantasía y creaciones artísticas en general. En este caso, el «conflicto» no tendría tanto que ver con la afición por la fotografía sino con el interés por aprender las técnicas más tradicionales de Photoshop y software similar.
Aunque, como digo, las técnicas de las que he hablado tradicionalmente en el canal/blog tienen vocación fotográfica, a veces sí me he adentrado un poco en estos mundos; al fin y al cabo, las herramientas utilizadas son casi las mismas. Por supuesto, nada impide seguir trabajando con los métodos de siempre, pero me parece que en este contexto es aún más difícil seguir como si tal cosa. Con la fotografía, puedes aferrarte al valor documental, especialmente en la fotografía más personal. Pero en disciplinas puramente artísticas, es más fácil que el fin eclipse al medio, es decir, el resultado tiene un valor intrínseco mayor. Es más difícil encontrar argumentos que justifiquen prescindir de la IA, salvo apelando al valor de lo artesanal, claro.

Mi caso particular
Curiosamente, debo decir que en mi caso todo esto apenas me afecta y que, en cierto modo, incluso me ha ayudado a pisar un poco el acelerador en una tendencia que ya había entrado en mi vida antes de la irrupción de la IA generativa. Sería tema para otro día: simplemente decir que hoy en día, intento retocar lo menos posible. Sí puedo entretenerme editando una imagen, pero para hacer ajustes pequeños. También me entretengo mucho simplemente observando las cosas fotografiadas, aunque dicho así suene un poco extraño. Poco a poco me reconcilio con la imperfección y valoro mucho más el carácter documental de una fotografía. Con el paso del tiempo, sostener la cámara, así como observar los resultados, se me ha vuelto más introspectivo y filosófico, incluso terapéutico.
Por otro lado, se da el caso de que, aunque publico algunas fotos en Instagram, no me gusta nada esa plataforma, con lo que entro muy poco y no estoy al corriente de los likes y esas cosas, así que tampoco me preocupa medirme contra escenas artificiales. Únicamente publico ahí porque es una forma sencilla de tener una especie de «muestrario online» y que otras personas se hagan una idea de las fotos que hago.

¿Y vosotros?
Yo, en lo personal, estoy fascinado y expectante ante todo lo que ofrecen estas nuevas tecnologías. Pero en lo relativo a la fotografía en particular, por la forma en que me lo tomo actualmente, la verdad es que no me preocupa tanto, por los motivos que acabo de explicar. Eso sí, claro: para hacer miniaturas de YouTube o cualquier cosa donde solo necesite una imagen para un fin (como las imágenes de esta entrada), esto es una gozada. Para documentar mi vida, en cambio, no cumple una función relevante ni me preocupa demasiado – sí uso IA a menudo para hacer selecciones con mayor facilidad, y a veces para reducir ruido/mejorar el enfoque, pero no para usos generativos.
Os animo a comentar cómo os sentís vosotros como fotógrafos o photoshoperos en esta «tormenta» tecnológica. ¿Ilusionados? ¿Desanimados? ¿Confusos? Os leo.

Pues en mi caso Edward G. Robinson es mucho más «estelar» en Los Diez Mandamientos, por comentar algo a su actuación en Soylent Green.
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En cuando al impacto de las IAs en la fotografía pues para mi tal impacto se reduce a que las ayudas que hago a las personas que la solicitan, en grupos de restauración, pues se han visto mejoradas y aceleradas por las mencionadas IAs.
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Incluso este impacto se extiende a lo que queda de mi oficio de informático en cuanto a que ha quedado localizado a la red que mantengo en mi casa.
(Son cuatro dormitorios y salón todos cableados con Ethernet Cat-6, tres switches de ocho puertas y dos puntos de acceso Unify para el Wifi)
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El viernes los chicos de Movistar decidieron cambiarme el router y una conversación con la IA de Google (ni siquiera era con Gemini) pasandole el modelo del mismo pues terminó conque estaba configurado en un pis pas.
(Era un tema de rutas estáticas, tampoco nada del otro mundo).
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Me imagino que verdaderos fotográfos del grupo si tendrán cosas interesantes que comentar.
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Saludos y gracias Carlos.
Gracias Emilio por las reflexiones. A mí la IA, en temas al margen de la foto, también me ha salvado la vida en muchas cosas. El día que comience a haber robots que puedan unir el conocimiento con el «hacer» las cosas, vamos a flipar del todo. Un saludín.
Quizá en cuánto a la fotografía pura valgan los comentarios. Yo me dedico a la pintura con cámara y papeles y pinceles. Para mí no hay problema sino más bien una gran ayuda con la tecnología de Generate Image de Photoshop. Es un método que he creado donde mi prompt es una obra digital más que un texto. Quiz sea mejor ver uno de mis ejemplos aquí http://rbaezd.myportfolio.com en vez de mil
palabras Gracias por tus reflexiones.
Gracias, Ricardo, por tu comentario. Eres un muy buen ejemplo de cómo integrar las nuevas herramientas con la creatividad de siempre, en la medida en que cada disciplina lo aproveche o lo admita. Un saludo.
Gracias a ti por la deferencia de compartir mi respuesta en tu espacio de YouTube. Es un verdadero gusto participar en una discusión tan profunda e intelectual; de hecho, siempre estoy muy pendiente de tus charlas porque mantienen de forma constante ese gran nivel de análisis.
Para mí, el encuentro con la Inteligencia Artificial es, ante todo, una aventura intelectual. Me topé con este concepto por primera vez a principios de los noventa, cuando leí sobre el Test de Turing en el célebre libro de Roger Penrose, La nueva mente del emperador. Hoy en día, considero que ese test ha sido superado con creces.
En mi día a día, percibo a la IA como una asistente que me aporta constantemente nuevas perspectivas en mi creación intelectual y, de manera muy particular, en el desarrollo de mis imágenes. Es casi como contar con una asistente de carne y hueso que posee un profundo conocimiento de arte, que me conoce a la perfección y que, al pedirle sugerencias, expande mis propias ideas. Tuve la fortuna de vivir un privilegio similar en los años ochenta, cuando una magnífica profesora de pintura discutía a fondo mis obras de aquella época y me impulsaba con sus conceptos.
Si te interesa, en otra ocasión te comparto mi visión sobre otro aspecto clave de este desarrollo: cómo los líderes de las compañías estadounidenses que encabezan este proceso parecen buscar la autorregulación por puros motivos económicos, esparciendo para ello la noción de un peligro cuasi apocalíptico sobre la incursión de la IA en nuestras vidas.
Un saludo cordial,
Gracias a ti por los comentarios y por el ejemplo que nos aportas de como combinar arte tradicional con fotografía y tecnologías modernas como la IA. Eres muy amable con tu valoración.
Tal como dices, una de las cosas más fascinantes de la IA es que, a base de usarla, aprenda nuestras preferencias, hábitos, intereses, etc. y adapte sus respuestas a nosotros, tal como dices, como una especie de asistente/asesor.
Es un tema con infinidad de ramificaciones, desde luego. Saludos.
Excelente reflexión que seguro traerá un sinfín de opiniones. Llevo más de medio siglo en el mundo de la fotografía y siempre he procurado estar a la última, tanto en equipo como en edición.
Sin embargo, el avance actual de la IA me abruma; no por la dificultad de su manejo, sino por su capacidad para inventar realidades.
Me pasa como con la música: he vivido la transición del single, el LP, la cinta, el CD, el MP3 y el DVD hasta llegar a las plataformas de streaming. Mi estilo musical no ha cambiado y confieso que no entiendo la gran mayoria de la música de los últimos 30 años.
En fotografía, valoro que la IA me ahorre trabajo y encuentro fabulosas las herramientas de retoque en ACR y PS, siempre y cuando se apliquen a imágenes reales capturadas con la cámara, buscando un acabado natural, propio del fotoperiodismo.
No le veo la gracia ni el valor a una imagen creada de la nada por un algoritmo.
Para mí, la fotografía debe ser algo más profundo: una disciplina capaz de conmover a través de un recuerdo, un viaje, un lugar, unos amigos, una emoción, etc. o, sencillamente, la belleza capturada directamente de la realidad.
Es verdad que para mi la fotografia es hobby y no una profesión a la que se tiene que estar a las moda y la IA indudablente es una modo que ha venido para quedarse.
Muchas gracias Carlos por tus aportaciones he aprendido mucho contigo.
Mil gracias Eugenio no solo por leer la entrada, sino por compartir estas reflexiones tan sinceras. Un saludo cordial 🫡👋
Muy interesante tu opinión y me has revelado algo en lo que no había reparado. Yo no soy un creador musical, estudié seis años de piano clásico y tres de jazz ambos con muy buenos profesores. Pero no soy ejecutante y ahora solo oigo música. Y lo digo por algo que citas sobre no comprender la música de los últimos treinta años. Yo creo que fuera del ámbito del jazz o la clásica no hay mucho que “comprender “ pero si me preguntas respondo que hay tanto de clásica que no conozco que no voy a perder el tiempo con lo comercial y dicho esto confieso que escucho y escucho muchas veces obras íntimas de piano de Ravel. Así que ahí no estoy con la novedad y soy conservador. Pero en el ámbito de la imagen digital – y no digo fotografía pues es muy restrictivo- la cosa cambia pues soy creador. Ahora bien respetando las instancias algunas veces al pensar en el fotógrafo convencional pero de calidad siento que me ocurre lo de la pintura clásica y lo expongo con una pregunta : es que acaso se pretende que sigamos pintando cómo el Greco o Monet? Qué fastidio. Ya pasó esa época y estamos en el siglo XXI con otras expectativas. Y en cuanto al dichoso algoritmo será que algunos – los de siempre- se conformarán con apretar un botón. Yo no , mis imágenes me han costado dos años de trabajo intenso dese que comencé a estudiar este nuevo campo. Saludos y que siga el intercambio
«No le veo la gracia ni el valor a una imagen creada de la nada por un algoritmo. Para mí, la fotografía debe ser algo más profundo»
Estoy totalmente de acuerdo contigo, Eugenio. Soy moderador en un foro de fotografía (Ojo Digital) y a pesar de haber creado un apartado destinado a las fotografía en las que la IA sea determinante; seguimos luchando contra aquellos que tratan de «colarnos» fotos basadas casi exclusivamente en IA. Me parece que se avecinan malos tiempos para la fotografía tal y como la hemos conocido hasta ahora.
Un saludo y me sumo a los agradecimiento a Carlos.
Muchas gracias, Franvier, por comentar. Buff, tener que moderar un foro para controlar si las fotos que ponen son o no IA. No te envidio la tarea, la verdad…
De nuevo gracias por comentar y un saludo.
Toda imagen que no proviene de grabar la luz en una emulsión fotoquímica o con un sensor digital, simplemente no tiene que ver nada con la fotografía. Lo demás, siendo útil o no, es otra cosa. Ningún problema.
Ya que me dedico sobre todo a fotogafía documental, sigo editando al modo «clásico». Pero no soy un hater de la IA. Me interesa todo lo nuevo y creo que es necesario intersarse y conocer todo lo nuevo o simplemente la ola nos pasará por encima, como en tantas cosas de la vida. Me refiero a que manejar un ordenador es hoy esencial aunque sigamos tomando notas amanuenses cuado es necesario o nos apetece. Así pues, sigo con interes todos estos avances apliacados a la fotografía y la generacion de imagenes. Donde creo que es absolutamente revolucionario e imprescindible el uso de la IA, es el mundo del grafismo y la publicidad, donde se ha abierto un universo absolutamente ineludible para esos profesionales. Saludos
Muchas gracias Antonio por el comentario. Desde luego, en publicidad y temas comerciales, la IA actual es una herramienta a la que no se puede dar la espalda si se quiere mantener la competitividad. Un saludo.