El milagro de la comunicación
Buenas tardes de viernes. Decía Pedro Almodóvar hace muchos años en una entrevista, a raíz de uno de sus estrenos, que «la comunicación es un milagro«. He estado buscando la cita y no la he encontrado, pero juraría que fue él. Y, si bien no soy fan suyo ni de sus películas, esta frase me quedó en la cabeza. Porque es cierta: damos fácilmente por hecho la posibilidad de compartir ideas, de transferir pensamientos de ida y vuelta. De entender y ser entendidos, en definitiva, en un contexto social. ¿Os imagináis convivir como lo hacemos, pero sin forma de saber qué piensa, qué siente, qué desea el otro? O, incluso, más allá del aspecto psicosocial, si nos ceñimos puramente a los datos más fríos y asépticos, ¿cómo sería un mundo donde el conocimiento técnico, la información más descriptiva de la realidad, no pudiera transmitirse?
En estas reflexiones andaba yo esta mañana, en plena resaca de las novedades de ayer, tanto de Sony como de Adobe, ya que al pensar en ambos anuncios, me pareció que encarnaban el yin y el yang de la buena y la mala comunicación. No necesariamente lo peor y lo mejor; tampoco es que sea un caso tan extremo, pero sí llamativo cuando coinciden en un mismo día y, por contraste, inevitablemente se produce una de esas comparaciones que, según dicen, son odiosas.
El caso de Adobe
Adobe lleva tiempo, y esto lo he señalado más de una vez en respuestas a vuestros comentarios, en un deterioro de su estrategia comunicativa (en lo referente al ecosistema Creative Cloud) que parece no tener final. Una de las pruebas más recientes la tenemos en las últimas actualizaciones de Camera Raw, que ya suman, atención, doce mejoras que están ausentes en el módulo Revelar de Lightroom Classic, con el que, al menos en teoría, debería guardar paridad. Doce. Esto ya no es una pequeña fricción temporal: empezamos a hablar de una brecha que nunca se había producido históricamente y que, por ahora, carece de explicación, algo que se vuelve tanto más extraño cuantas más diferencias se introducen sin ningún comentario al respecto.
Pero no siempre fue así: hace diez años, las notas que publicaban con las actualizaciones, así como explicaciones técnicas sobre novedades o lo que cabía esperar a medio y corto plazo, eran claras y frecuentes. Si algo no estaba claro, no era difícil obtener una respuesta de ellos, con la excepción, eso sí, de Lightroom Classic, un apartado que siempre ha parecido ir por libre dentro de Adobe. Pero en general, repito, eran todo un ejemplo de buena comunicación, de claridad, de fluidez en la emisión y recepción de datos.

Demos un salto adelante en el tiempo y llegamos a la situación actual, donde tampoco diré que se haya tocado fondo porque, por supuesto, sigue existiendo un flujo comunicativo aceptable. Pero la implementación de sus estrategias de comunicación (que ya empiezo a dudar que las tengan siquiera) ha perdido mucho en términos de calidad, claridad y oportunidad temporal. Las notas sobre las novedades suelen estar repetidas, desactualizadas y a veces incluso contienen errores. Todo el tema del coste y gestión de créditos generativos se ha convertido en un auténtico ritual de la confusión donde a veces cuesta aclararse. Y que conste que, como también he dicho otras veces, sería injusto pedirles unos criterios clarísimos desde el minuto cero en un terreno tan nuevo y tan cambiante, pero de nuevo, para eso están las estrategias de comunicación y las herramientas para gestionar la información en sí y los canales por los que se dispensa. Han tardado meses, no sé si incluso años, en proporcionarnos un sistema de consulta del saldo y del coste en créditos de cada operación, y ni siquiera eso funciona del todo bien todavía.
De un tiempo a esta parte, mi impresión es que Adobe ha dejado de fijar estrategias de comunicación o simplemente se han convertido en algo similar a la típica agenda que empiezas a usar con tanta ilusión y se queda olvidada a las dos semanas. No parece que haya una gestión demasiado activa de la información, que a veces llega incompleta o con retrasos, y los canales son aquellos que dicha información va encontrando de forma espontánea, como cuando llueve y se forman efímeros riachuelos que solo en algún caso terminan convertidos en un curso de agua mantenido y fiable. Otro tanto ocurre con el mensaje, aspecto nuclear de todo este proceso y que cada vez percibo como menos definido, como si faltase una intención clara sobre qué se está intentando comunicar.
Por supuesto, en un contexto de entretenimiento, opinión o análisis, podemos manejar criterios más laxos, como de hecho estoy haciendo yo ahora mismo. Solo faltaría que cada intercambio comunicativo tuviera que regirse por criterios de excelencia absolutos. Pero en un ámbito técnico, tecnológico, corporativo, es mala idea marear al personal más de la cuenta.
Como dije, en todo caso sigue habiendo un flujo de datos: quien quiera, con un poco de esfuerzo, acaba enterándose de las cosas. Adobe sigue siendo una empresa solvente en todos los sentidos, llena de gente con un talento extraordinario, líder en infinidad de apartados, incluso en esta era en la que la IA pega con fuerza, y, en definitiva, un referente al que sería injusto juzgar únicamente por esta flaqueza que acusa últimamente. Es más: afortunadamente, siguen contando con excelentes comunicadores como Terry White o Julieanne Kost, e incluso en el apartado de los ingenieros de perfil más técnico, algunos como Eric Chan o el ya retirado Chris Cox han hecho grandes aportes en este sentido.

Pero justamente por todo lo anterior me desespera que no estén a la altura de lo que podrían hacer. Como divulgador y persona que está bastante encima de todo esto, creo que estamos llegando a un punto en el que deberían ponerse las pilas y empezar a diseñar, o simplemente desempolvar, unas estrategias de comunicación, mantener canales de comunicación claros y consistentes, y si es necesario, incluso impartir a los implicados algún tipo de capacitación en todos estos temas, así como, por supuesto, asegurarse de que haya alguien con visión de conjunto que supervise y, en su caso, corrija el funcionamiento de toda esta maquinaria. Porque en corporaciones mastodónticas como Adobe, tampoco es tan fácil. De otro modo, la confusión y hasta la desconexión con el usuario van a terminar deteriorando su imagen y, potencialmente, su posición en el sector, aunque esto último ya es más difícil pues como digo, Adobe compensa toda esa «torpeza» con una serie de activos espectaculares en los demás apartados. Quizá sea justamente por eso que se lo están pudiendo permitir sin apenas despeinarse.
Sony y su RX10 V
Pero saltemos ahora a un caso radicalmente opuesto: Sony durante esta última semana. Primero anunciaron de forma clara, puntual e inequívoca, que estaba en camino la nueva Sony RX10 V. No solo eso: hicieron de la incertidumbre, de la propia falta de información, un activo, generando expectativa y sorpresa. El minimalista teaser me pareció magnífico: cómo decir tanto con tan poco. Y ayer, rigurosamente de acuerdo con lo comunicado, tuvimos no solo el anuncio oficial y todos los datos necesarios (pasados, eso sí, por el filtro del marketing) sino un auténtico aluvión de videoanálisis de creadores que tuvieron acceso anticipado a la cámara, obviamente bajo estrictos acuerdos de confidencialidad/no divulgación, y que se publicaron puntualmente en cuanto se levantó el «embargo» informativo. Una campaña de manual ejecutada con precisión, de principio a fin.

Esto tampoco es algo tan raro, pues suele ocurrir algo similar con cada lanzamiento importante, pero sinceramente, creo que no recuerdo una campaña de semejante envergadura y alcance en una temporada. Sin siquiera haber tenido que buscar, solo con lo que me propone YouTube en la página de inicio, ya he visto que hay vídeos muy completos (es decir, les dieron tiempo suficiente, por tanto, buena planificación) de Petapixel, Jared Polin, Tony Northrup, Chelsea Northrup, Gordon Laing, Three Blind Men, Jason Vong, TechRadar y todos los comercios especializados importantes, así como una larga lista de creadores a los que ni siquiera conocía.
Y no créais que esto es un fenómeno limitado a creadores de Estados Unidos: a nivel nacional, también encontramos reseñas de Photolari, Javier Letosa, Fotografiarte, Casanova Foto, etc.
Antes de seguir, para ser justos, hay que reconocer que son ámbitos distintos (software vs hardware), y que mientras Sony realiza lanzamientos mucho más espaciados y manejables en cuanto a gestión del tiempo y planificación, Adobe, en cambio, vive en un frenesí de actualizaciones que dificulta mucho más que la información discurra siempre por los cauces adecuados en los momentos oportunos. Pero así y todo, esto es casi un caso de estudio donde Sony ha tenido claro todo lo que Adobe está descuidando: estrategia (usar creadores para difundir el mensaje del lanzamiento) y canal (YouTube y redes sociales). Y lo ha ejecutado perfectamente, al menos por lo que he visto de momento, pese a afrontar dificultades mayores, algo que también hay que señalar: los creadores no son empleados de Sony, el canal no es la web y redes corporativas e incluso el mensaje en sí, al menos esta parte, queda en manos de fuentes externas al fabricante, algo que Adobe sí podría controlar con mayor facilidad. También parece que ha habido una buena gestión que, al menos hasta donde yo sé, ha evitado filtraciones destacadas antes de tiempo, algo complicado vista la cantidad de gente que disponía de la cámara. Todo ha funcionado como un mecanismo bien engrasado. De hecho, ahora tenemos hasta un exceso de información; yo apenas he podido abrirme paso a través de la ingente cantidad de reseñas disponibles, tratando de seleccionar las más representativas.

Dicho esto, un último apunte sobre lo de Sony: tampoco han jugado sobre seguro y aún cabe la posibilidad de que les salga el tiro por la culata. Algunos análisis, como el de PetaPixel, no han sido demasiado complacientes. Quizá desde Sony han confiado en atenuar ciertas carencias de este producto envolviéndolas en el entusiasmo que, lógicamente, provoca una cámara tan única como esta. La comunicación es crucial, pero en último término, es un medio para un fin, y si el producto tiene fallos o puntos débiles, un buen mensaje puede suavizarlos, pero no borrarlos, porque si lo hiciera, ya no sería comunicación entendida como trasvase de información que facilite el aprendizaje y el entendimiento, sino algo más cercano a la intoxicación, aunque solo sea por omitir o maquillar datos, algo a lo que tampoco son ajenas las marcas cuando les conviene.
Lo anterior, hasta cierto punto, no deja de tener cierto carácter anecdótico. Según dónde pongamos el foco, en todas partes encontraremos aciertos y errores. Pero nos recuerda cómo de importante es lo que ya he repetido varias veces a lo largo del texto: el valor de convertir la información en mensaje, de saber por dónde y cómo enviarla, en qué momento. Y el efecto que todo ello tiene, desde las campañas de marketing cuidadosamente montadas pieza a pieza, como quien construye un reloj a mano, hasta lo que todos hacemos espontáneamente al escribir en un blog, al hablar con un amigo o, si me apuráis, al pitar a un conductor que no ha respetado nuestra prioridad de paso. Porque incluso un bocinazo, un gesto, una mirada (y una fotografía), siguen siendo comunicación. Y eso, aunque no siempre nos demos cuenta, es un milagro.
Como milagroso será tener un buen día con la calorada que hace. Pero no imposible: os animo a hacer de este viernes otro día especial. Quizá hasta extraordinario, por buenos motivos, claro. ¡Y lo mismo para el fin de semana! Nos leemos la semana que viene.
